Posteado por: josejuanmorcillo | febrero 26, 2020

Mi bombilla

Cuando se funden, voy cambiando todas las bombillas viejas de mi casa por un led. Dicen que, a la larga, este tipo de bombilla es más económico y ayuda a bajar la contaminación del planeta. La que más ha aguantado ha sido la que más quería, la de la lámpara de la mesa cuadrada del salón, encajada como una pieza de Lego entre los dos brazos de mis sofás, bajo cuya luz cálida he acunado a mi hijo, he abrazado a mi mujer, he leído tantos libros y me he quedado dormido tantas y tantas noches. Ayer, al encenderla, mi bombilla parpadeó una luz anaranjada y mortecina, una luz sin fuerza; parpadeó con sufrimiento y finalmente se apagó para siempre. Estaba tan acostumbrado a ella que no terminé de creerme que se hubiese fundido así, sin más, sin avisar, sin despedirse. Incluso di varias veces al interruptor por si el apagón se debía a un fallo en el paso de la energía, pero no. La desenrosqué con cuidado, la coloqué sobre la palma de mi mano para examinarla por última vez y bajé a la tienda de Fernando para que la inhumara en el contenedor de reciclaje de bombillas muertas. Le compré una nueva. Un led, le dije, con una luz blanca y alegre que ilumine con potencia el salón. «Toma este; es algo más caro pero te va a durar muchos años y apenas consume. Casi todo el mundo se lo lleva».

En la caja, como si fuera su currículum, se me aseguraba que tenía una vida de 15.000 horas, así que, tras hacer mis cuentas calculadora en mano, comprobé que viviría unos diez años, tanto como mi bombilla de siempre, que ahora estaría amontonada en aquella fosa común de cristales y casquillos, fría e inerte, abandonada. Enrosqué el led y el salón se iluminó al momento con una luz joven y fuerte, impulsiva y vanidosa, una luz que se hizo dueña de todos los ámbitos de mi salón, limpiándolo de sombras.

Me senté junto a la mesa para acostumbrarme a la nueva luz, aséptica e hiriente como la de las lámparas quirúrgicas. Pensé con desdén que, en los próximos años, los dos contemplaríamos cómo envejece el otro, cómo se le va fundiendo la luz al otro y, por último, quién sobrevive a quién.


Responses

  1. Que te dure y te alumbre el camino.
    Bienvenido al mundo LED


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