Posteado por: josejuanmorcillo | febrero 19, 2020

“Sfumato”

Me han cambiado las gafas. El optometrista ha certificado que mi presbicia aumenta exponencialmente y que es tan irreversible como el deshielo de los polos. Además, ha insistido en que este aumento sería más lento si pusiese de mi parte porque mis gafas son ocupacionales y debo quitármelas cuando no esté leyendo o me encuentre fuera de casa o del edificio donde trabajo. Le pregunté por qué las llamaba así, «ocupacionales», y me respondió con una sonrisa ocupacional que porque solo hay que usarlas al leer o en el ámbito de trabajo. Llamar a unas gafas «ocupacionales» no deja de ser sarcástico, y más cuando quien las lleva puede estar cobrando el subsidio de desempleo. Desde esta premisa tan absurda, los zapatos que llevo puestos cuando entro en clase también son ocupacionales, y el bolígrafo azul que me regaló mi aseguradora, y la mochila que llevo a cuestas todos los días como un Sísifo sin montaña, o el ordenador con el que estoy escribiendo ahora estas líneas, y también son ocupacionales las palabras que pronuncio en clase cuando les explico que, a pesar de su expansión por el mundo, la lengua española es un dialecto cada vez más corrompido de ese latín que se hablaba hace siglos en esta isla de conejos.

Pues sí. Obedezco al optometrista y me quito las gafas cuando salgo de trabajar, cuando voy a la esquina de enfrente a comprar el pan o cuando me monto en el coche para pasar el fin de semana lejos de estas calles por las que paseo todos los días con mi mochila, mi bolígrafo, mi ordenador y mis zapatos ocupacionales. Y es entonces, al quitármelas, cuando el mundo adquiere otra dimensión: el sfumato. Da Vinci pintaba así, difuminando las imágenes y los paisajes porque aumentaba la sensación de realidad y la de profundidad. Sin las gafas, los contornos de la vida se desvanecen en una neblina irreal que me provocan una sensación de bienestar. No me mareo ni me caigo. Distingo a las gentes cuando se aproximan a mí, no en la lejanía. Todo adquiere una dimensión creíble, tan real que quizás sea la que de verdad es y no la que veo cada vez que me pongo mis gafas ocupacionales.


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