Posteado por: josejuanmorcillo | noviembre 20, 2019

Me quedo contigo

Programa de televisión en franja horaria de final de tarde. Adolescentes y menores en casa. Programa basura. A la orden de «¡Soltero, muéstrate de cuerpo entero!», el presentador anuncia la entrada del candidato ­—veinteañero, narcisista y superficial­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­― y suena una canción discotequera. Veinte madres metidas en años comienzan a bailar contagiadas por el frenesí mientras ven descender de un ascensor tubular a un muchacho hipervitaminado que adopta ínfulas de macho alfa en cuanto llega al escenario y va saludando, una a una, a todas las hembras maduritas que, sin parar de menearse, lo observan y disfrutan como si acabara de presentarse un estríper en una fiesta de mujeres privada, un estríper que podría ser su hijo. Arriba del escenario, detrás del presentador, en un habitáculo que se llama «Pisito de solteras», veinte jovencitas, cada una hija de sendas madres, han entrado en éxtasis hormonal viendo al cachitas saltar, bailar y contonearse en el plató. Objetivo del programa: las madres deciden si es un buen espécimen para su niña, el candidato escoge como máximo dos madres y, cuando bajan las hijas, el macho elige su hembra y, una vez emparejados ambos, entran en un rincón claustrofóbico para decidir si vuelan juntos o si cada mochuelo regresa a su olivo.

Menos mal que el formato es este; sería imposible imaginarlo si son veinte padres maduritos que deben valorar si una veinteañera es apta para su hijo, que espera, con la testosterona por las nubes, en su «Pisito de solteros» a ser el elegido. Pero la sexualización de una persona o la doble moral hipócrita en materia de género no son los temas de esta columna.

Afirma Chomsky que una técnica de manipulación mediática de la sociedad para controlarla con más facilidad es idiotizarla con programas televisivos en los que se la acostumbra a la sensación de que lo estúpido y lo vulgar es la moda. Al Estado le incomodan ciudadanos cultos y con pensamiento crítico; los idiotas, por el contrario, son sometidos y dirigidos con menor esfuerzo. No lo duden: no enciendan el televisor y paseen o escuchen música o lean un buen libro. Su calidad de vida y la de su familia mejorará.


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