Posteado por: josejuanmorcillo | noviembre 13, 2019

Pachorra

La pachorra es una filosofía de vida. Sus seguidores son indolentes, desconocen la prisa, pertenecen a la tribu social del «mañana lo haré». Observan los acontecimientos diarios con ojos de vacuno y proceden a sus obligaciones con la calma de un galápago, sin importarles las obligaciones que han quedado a medio y que cumplen con retraso. Los médicos aseguran que los pachorrudos viven más años que el resto de los mortales porque su organismo está libre del virus más letal de la actualidad: el estrés. Y creo que no les falta razón.

No conservo un recuerdo exacto de los acontecimientos porque yo era muy pequeño, pero estoy convencido de que nací pachorrudo. Mis padres me recriminaban mi lentitud a la hora de comer, mi escaso interés por la actividad física y mi indolencia cuando me mandaban a un recado o me pedían que echara una mano en alguna tarea de jardinería. Vivíamos en el campo y aislados. Agotaba las horas leyendo y terminando las tareas del colegio ―aún recuerdo la monótona teoría de los ríos de España―, y mi biorritmo se ralentizaba en invierno, sentado a la mesa camilla del salón, con el brasero encendido. Pero a golpe de regañinas y de improperios cambié. «¡Tienes sangre de nabo!»; «¡Así no vas a llegar a ninguna parte!»; «¡No serás nadie!». Un par de cachetes y otro par de voces, así día a día, y lo consiguieron, porque me transformé en hiperactivo, pero un hiperactivo de libro, un ACNEE: comía casi sin masticar, tartamudeaba, no atendía en clase, madrugaba todos los días y hasta me hice futbolista, un futbolista nervioso y violento, claro. La conversión fue de tal magnitud que me resultaba odioso convivir con un pachorrudo, cuya pereza y lasitud aborrecía hasta el paroxismo; su pachorra, sencillamente, me asqueaba.

Pero las aguas vuelven siempre a su cauce y noto que, por fin, voy calmándome: vivo menos estresado, más pasota en asuntos que enervan a la sociedad. Soy ahora más feliz. Incluso agradezco la presencia y la conversación con un pachorrudo, a quien ya no considero un apestado sino un feligrés más de un estilo de vida saludable que está al alcance de muy pocos.


Responses

  1. Simpática historia vital la tuya. Ni pachorra ni estrés, en el punto medio está la virtud, o eso dicen.


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