Posteado por: josejuanmorcillo | septiembre 11, 2019

Urgencias

Si a un pintor español del siglo XVII se le encargara hoy que retratase en un lienzo una escena que reflejase la variada realidad social de la España de la primera mitad del XXI, ¿cuál elegiría? ¿A dónde iría con su caballete, con sus pinceles y pinturas? No lo tendría fácil. Una calle céntrica de una ciudad bulliciosa podría valer, pero siempre faltaría alguien o quedaría olvidado algún detalle en apariencia superficial. Un comedor social donde un grupo de voluntarios jóvenes y pensionistas sirven el desayuno a más de doscientas personas, sentadas a mesas con la formica despegada, doscientas cabezas hundidas en su tazón de café con leche y galletas, doscientas almas entre inmigrantes sin papeles ni techo, drogadictos, desahuciados y pobres de solemnidad que protegen su dignidad mirando al suelo para no ser reconocidos, sería una escena más impactante que la de la calle, pero creo que seguiría faltando algo. Cierto que la pobreza y el hambre nos igualan a todos; ambas, cuando visitan al rico y al pobre, los visten con los mismos ropajes de miseria. Pero no hay ricos en los comedores sociales.

Hay, sin embargo, otro factor que nos iguala a todos, además de la muerte: la enfermedad. Este verano he tenido que visitar en un par de ocasiones ―y por motivos que no vienen al caso― la sala de espera de Urgencias de un hospital público y permanecer varias horas hasta ser atendida la persona a quien acompañaba. Observé desde el primer minuto que era una sala triste, deteriorada, sin luz natural, sin decoración; hay tanatorios más alegres que aquella sala de Urgencias. Toda clase de personas, de todos los niveles sociales miraban la pantalla esperando que apareciese su número: la anciana sola con la frente apoyada en su bastón, el niño pijo en silla de ruedas y escoltado por dos policías, familias de varias etnias y culturas, burgueses, ricos y currantes. Todos sin nombre pero con un número con el que se identificaban, todos esperando su turno en una sala que para mí simbolizaba la cara real y sórdida ―que los medios suelen ocultarnos― de la menoscabada sociedad española del primer tercio del s. XXI. Ahí hay un cuadro.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: