Posteado por: josejuanmorcillo | agosto 28, 2019

Cachas

Unas décadas atrás, la violencia contra los perros era algo habitual y asumido por la sociedad. Cuando entraba un cachorrito en casa y se meaba en el suelo, se le agarraba por el cuello, con dureza se le frotaba el hocico sobre la meada, se le gritaba varias veces «¡NO!» para que entendiese la infracción y el castigo concluía dándole un par de azotes mientras el animalico, entre aullidos desconsolados, se zafaba y huía; si tu perro te gruñía o no te obedecía o se cagaba donde no debía, se le atizaba con un palo en el lomo para que aprendiese; unos compañeros míos del colegio comentaron un día entre carcajadas que habían apedreado a un perro cuando estaba todavía agarrado a la perra a la que montaba. Si un perro cruzaba la calle u otra vía cuando conducías, nadie paraba: era preferible matarlo a tener un accidente, así que las carreteras y las cunetas se infestaban de cadáveres de perros atropellados. El hedor era nauseabundo.

Hoy, afortunadamente, esta violencia es inadmisible y está penada como delito. Cachas, un terrier blanco West Highland, ha sido el protagonista en un aplaudido caso de amparo jurídico de estos animales. Hace unos meses, en el mes de mayo, sus dueños se separaron y llevaron a juicio la tenencia de su mascota. En un fallo inapelable y que ha creado jurisprudencia, el Juzgado de Primera Instancia número 9 de Valladolid sentenció que el animal es «un ser sensible» y que la custodia ha de ser compartida, lo que supone que el perro pasará seis meses en Valladolid con su dueña y otros seis en Alicante con él.

Lo que me ha dejado perplejo de todo esto es que, a día de hoy y pendiente aún de su reforma, nuestro Código Civil «cosifica» a las mascotas. Resulta desconcertante, violento e irracional. Me retrotrae a la época medieval, cuando la mujer no tenía capacidad jurídica, era un objeto más de la casa que se colocaba, se usaba, se golpeaba o se destruía a capricho y voluntad del hombre del que dependía. Pero seguimos avanzando, y ahora gracias a la sensibilidad y al sentido común del juez de este caso. Respetar y cuidar a los animales es un paso más hacia la convivencia y la educación de la sociedad.


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