Posteado por: josejuanmorcillo | julio 24, 2019

Mi biblioteca

Esta mañana he vuelto a entrar en la biblioteca de mi infancia. Está en uno de los extremos del parque de mi ciudad. El parque es como un bosque, cerrado y umbrío, y tan grande que en él se construyeron el museo municipal y un colegio. En sus bancos se sentó alguna vez Azorín para escribir y leer, por sus recogidos vericuetos paseó Lorca agarrado como un lirio de noche del brazo de su gran amor. Ahora en verano, adormecidos por la música de sus pétreas fuentes modernistas y de los surtidores de sus estanques, descansan sus paseos de arena del bullicio infantil y de los precipitados horarios. Esta mañana he pasado por casualidad por la biblioteca de mi infancia y estaba abierta.

Es la misma de hace cuarenta años. Es tan pequeñita que en vez de biblioteca parece un refugio para la lluvia. Es blanca, de planta hexagonal, de unos 12 m2. Ahí dentro, rodeado de tres estanterías colmadas de libros, transcurrieron muchos días de mis veranos infantiles, días entonces lentos como las páginas de mis libros pero que ahora los percibo vertiginosos y efímeros como el fogonazo de un sueño. Por fuera la cercan en un abrazo de décadas dos ailantos y dos sóforas, que parecen mirar por las ventanas para vigilar los libros o para oír las palabras de los niños cuando leen.

Recuerdo a la bibliotecaria de entonces. Una señora encantadora, de voz suave y de mirada tranquila. No quería interrumpir mi lectura, pero a veces, cuando nos quedábamos solos, se interesaba por el libro que leía y me aconsejaba otros de temática parecida. Esta mañana, cuarenta años después, he vuelto a entrar en mi biblioteca. Todavía con las persianas bajadas, me ha parecido más pequeña que como la percibía de niño, pero conservaba el mismo olor y la misma calidez. La nueva bibliotecaria, más joven, estaba sacando mesas y sillas para los lectores y ha respondido apática y distante a mi saludo cuando me ha visto con intenciones de pasar, como si me avisara de que este ya no era mi sitio, de que ya no era mi biblioteca, dormida aún cuando he llegado a su puerta. Pero he entrado de nuevo y la he despertado.


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