Posteado por: josejuanmorcillo | abril 3, 2019

Gasones

Cuando era niño, todos pegaban. Este es uno de los recuerdos más vivos que me vienen de aquella edad. Pegaban los maestros, pegaban los padres, se pegaban los compañeros del colegio. Todos pegaban porque a los que pegaban les habían educado de esta misma manera, pegando. Yo, que era el mayor, tenía que pegar a mis hermanos cuando se portaban mal porque así me lo ordenaban mis padres. Nos educaron entre golpes y desde la exclusión. En mi clase de 8º de EGB nadie hablaba con un chico porque era homosexual. Él nunca lo dijo pero todos lo sabíamos por su forma de correr, de hablar, de golpear la pelota con la mano cuando jugaba al frontón con un compañero, su único amigo. Recuerdo a un niño de 7º que siempre jugaba solo porque había nacido con un mechón de pelo blanco y nadie quería acercarse a él por raro. Éramos violentos y enfermos. De todos los juegos, el que más nos fascinaba era la guerra de gasones. Nos dividíamos en dos bandos, nos escondíamos entre escombros de arena, nos dábamos unos minutos para llenar el arsenal con los mejores gasones y entonces comenzaba la lluvia de proyectiles. Ningún animal se atrevía a acercarse, y si lo hacía practicábamos puntería con él. Recuerdo que para Reyes pedíamos pistolas y rifles y con ellos nos sentíamos más hombres, como cuando fumábamos un ducados a escondidas.

La Constitución y la libertad engendraron muchos derechos ciudadanos, y esas agresiones, esos desprecios y juegos violentos fueron desapareciendo, pero a algunos adolescentes les dio por lanzar cócteles molotov, quemar contenedores, asesinar a civiles y militares y estallar bombas donde sus enfermas mentes sabían que harían más daño. Todo esto también ha desaparecido.

Ahora, las agresiones ―los gasones― son digitales. Algunos políticos usan las redes sociales para lanzarse insultos y vídeos ofensivos, para faltarse al respeto, para herir al otro. Estos políticos enfermos son aquellos niños educados en la violencia y en la exclusión, y seguro que también jugarían tirándose gasones desde esas trincheras de escombro y de basura de las que aún no han salido.


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