Posteado por: josejuanmorcillo | marzo 20, 2019

Huelga climática

Amansar la opinión pública, dirigirla hacia trochas escogidas con los medios de comunicación como mastín, se alza como objetivo prioritario de los representantes políticos y de instituciones gubernamentales. Son varias las técnicas empleadas desde hace siglos para lograr esta domesticación. Basta, por ejemplo, con meter miedo con todo, meter miedo con lo que comes, con lo que dices, con lo que escribes, con la gente que entra en tu país, con el vecino raro que saca la basura a deshoras. Una sociedad temerosa es un rebaño manejable.

Otra táctica muy antigua pero efectiva es la que se está practicando desde hace unos años en relación con el cambio climático. Consiste en responsabilizar a la sociedad de una situación de crisis y de alarma social. La culpa de la excesiva contaminación del aire y de los océanos ―dicen― es de los ciudadanos, que no reciclamos lo suficiente, que usamos vehículos impulsados por gasolina o diésel y que metemos todo en bolsas de plástico. Pero esto no es así. Los primeros y principales promotores de la contaminación del planeta son los gobiernos que siguen obteniendo beneficio con las multimillonarias empresas que se dedican a la extracción del petróleo y a impulsar la fabricación de los hijos bastardos de este, como el plástico. Esas cumbres internacionales para frenar el cambio climático no sirven para nada; son un efímero trampantojo para calmar la irritabilidad de los ciudadanos. Dejen de extraer petróleo, dejen de fabricar plástico, y comenzará entonces el año cero de una nueva era libre de contaminación. Pero no hay nada que hacer: el oro negro, cuando lo manejas, te ensucia el alma.

Greta Thunberg, de 15 años, hastiada de la inacción de países y empresas, decidió hacer una huelga de hambre, y este gesto se ha extendido como un huracán de luz y de aire puro por todo el mundo. Una adolescente anónima contra los países más industrializados y contra empresas contaminantes. Extraordinario. Estas huelgas juveniles contra el clima quizás sean de las últimas tablas de salvación que nos quedan, pero parecen sólidas y valientes. Que sigan a flote.

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