Posteado por: josejuanmorcillo | enero 9, 2019

Sentinel

A flechazos y con lanzas siguen recibiendo los aborígenes de la isla india de Sentinel del Norte a todo el que ose perturbar la apacibilidad de sus viviendas. Pensaba que era un montaje audiovisual, pero no. La noticia mostraba las imágenes de un sonriente misionero estadounidense a escasos metros de una playa poco antes de lanzarse al mar y nadar confiado hacia esta ínsula extraña para evangelizar a sus amenazadores habitantes. En cuanto puso pie en la orilla, crucifijo en mano, lo dejaron como un san Sebastián. Cuenta la hagiografía que descuartizaron el cadáver y lo devoraron para no desaprovechar tanta proteína.

Sin electricidad, sin fuego y con una tecnología que no ha evolucionado en los últimos 60.000 años, los sentineleses defienden con una determinación heroica la supervivencia de su cultura ante la desforestación de las islas cercanas y después de que algunos miembros de sus familias fuesen esclavizados por colonos violentos. Aislados de todo y de todos, quieren permanecer inmunes a toda esa legión de virus que traen las enfermedades del mundo moderno: inmunes al virus de la globalización, que asesina silenciosamente las culturas y las tradiciones minoritarias; al virus de la tecnología digital, que debilita el contacto humano y la comunicación personal hasta deshumanizar al individuo y transformarlo en un ser consumido por la soledad; al virus del dinero, que parasita la ética de los pueblos y los convierte en enemigos; al virus del progreso, que infecta los mares de plásticos, el aire de humos contaminantes y la tierra de pesticidas y alquitrán; inmunes, en fin, al letal virus del estrés, y al del ruido de máquinas, y al de la comida basura, y al de la corrupción, y al de la explotación del débil y del indefenso.

El sunami de 2014 redujo la población de la isla a 150 indígenas. Aunque el Gobierno indio ha prohibido que sean molestados para garantizar su supervivencia y su aislamiento del resto del mundo, mucho me temo que la letal mandíbula del capitalismo acabará devorando este reducto de la humanidad. Ojalá me confunda.


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