Posteado por: josejuanmorcillo | diciembre 12, 2018

Neopolitano

Me ha dado por pertenecer a una tribu urbana, sí, a mi edad, que no es que sea lozana pero tampoco faraónica. En casa dicen que ya estoy con las dichosas crisis de identidad, y que lo mejor que debo hacer es dejarme de payasadas, ponerme el pijama, sentarme en el sofá con la bandeja de la cena y empezar a seguir una serie de televisión de esas que son más largas que un día sin pan. Pero yo me he rebelado, como buen hijo de los movimientos jipi y jevi, y he comenzado a rastrear por la telaraña digital para encontrar ese grupo de coleguillas con el que pueda sentirme identificado.

Los primeros intentos han sido desalentadores. Tengo muy claro que no me veo un bakala ni un maquinero porque esa música no me pone y mucho menos su jerga, que tendría que aprenderla, claro, con su perreo, sus guirlas y fronteos, y lo que es peor, usarla en el contexto adecuado y con el tono correcto. Y para eso se requiere una inmersión lingüística a la que no estoy dispuesto. Tampoco me veo dentro del rollo friqui; debería ver todo lo que se ha grabado de Star Trek y hacerme seguidor acérrimo de varios yutúbers. Va a ser que no. Descarto los góticos porque no quiero agujerear ninguna zona de mi cuerpo, ni ponerme lentillas de zombi ni pintarme los morros de violeta-muerte; hípster no puedo ser porque con mi barba, ya desforestada, sería, junto con los que lucen esas pelambres levíticas y mesiánicas, un triste y eterno aprendiz. Panki no lo seré más porque ahora sí que estimo la salud de mis oídos y la de mi estómago.

En fin, después de tanto paseo virtual, llego al Ministerio para la Transición Ecológica ―ahora me entero de su existencia― y desde una de sus páginas se me invita a ser neopolitano. Es mi última alternativa. Leo: los neopolitanos son la nueva ciudadanía, no importa edad ni orientación política; solo debes ser tuitero y consumir de manera responsable, ética y justa, sin contaminar y yendo en bici, remendando tu ropa, no comprando comida envuelta en celofán, usando marcas de ropa sostenibles y no probar apenas la carne y el pescado. No tiene mala pinta, no. Pero el bocata de morcilla y el coche no me los quita nadie.


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