Posteado por: josejuanmorcillo | diciembre 5, 2018

Tamboradas

Suenan tambores en la política española. No suena la paz ni el diálogo, sino la confrontación y el «ahorametocaamí». Los tambores, dicen, son tan antiguos como la Humanidad. Alejandro Magno quedó impresionado cuando el ejército persa los empleaba para amedrentar a los macedonios, así que decidió incorporarlos como instrumento de guerra y de comunicación. Retumbaba la tierra―aseguran los historiadores― cuando Alejandro ordenaba aporrear miles de tambores antes de entrar en batalla. Hoy, los tambores de guerra son las torpes y verduleras soflamas que suenan a través de los altavoces de nuestras radios y de nuestros televisores, y no hacen retumbar la tierra, aunque quieran con ellas meternos el miedo en el cuerpo.

Dicen que, durante la Alta Edad Media, los musulmanes que habitaban los pueblos y ciudades más importantes de lo que hoy es Aragón entraban con sus tambores al barrio cristiano durante la celebración de la Semana Santa para fastidiar ―dicho suavemente― el silencio y el recogimiento de los que estaban reunidos en sus casas rememorando la muerte de Jesús. Los conflictos religiosos han sido siempre muy ruidosos, de esto no hay duda, y casi todos han sido impulsados por intereses políticos y económicos. Las guerras de anexión territorial se ordenaban tras la bendición de un jerarca religioso. Algunos políticos de ahora aporrean sus tamboriles para hacernos saber que «la cultura occidental, de firme identidad cristiana, está en peligro porque nos están invadiendo los inmigrantes», y que ha llegado la hora de «reconquistar los valores que nos identifican como españoles».

Jaime I reconquistó gran parte de la franja oriental de Al-Ándalus, y los cristianos que fueron repoblando las tierras aragonesas, manchegas y parte de las andaluzas decidieron tocar los tambores en Semana Santa como recuerdo de lo que los musulmanes les hicieron a sus antepasados. Es otro «ahorametocaamí» que lleva siglos retumbando. La Unesco acaba de conceder a estas Tamboradas la distinción de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, así que la tierra seguirá temblando otros siglos más bajo el estruendo de miles de tambores rugiendo a la vez.


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