Posteado por: josejuanmorcillo | octubre 24, 2018

Marcianitos

De pequeño jugaba a los marcianitos con mis amigos y mis vecinos. Nos regalaban unos cascos con visera azulada y unas pistolas de plástico verdinaranjas, con gatillo negro y corvo como un colmillo de vampiro, que escupían varitas puntiagudas que no se parecían ni de lejos a los rayos láser que veíamos en las películas. Yo crecí con estas películas de ciencia ficción y de serie B en las que la Tierra se veía amenazada por la invasión de los marcianos, y en nuestros patios y parques representábamos de una manera muy cutre las batallas que solo eran reales en nuestra imaginación. Una noche, mirando al cielo, me enseñaron dónde estaba Marte. Seguía siendo un niño y no me gustó la idea de que ese planeta de color anaranjado estuviese tan cerca de la Tierra porque al instante se me pasó por la cabeza que las diabólicas criaturas grabadas en el celuloide podrían plantarse en mi ciudad en un abrir y cerrar de ojos.

Ahora nos dicen desde la NASA que dentro de cinco años irán al planeta rojo los primeros mil humanos para habitarlo. Será un viaje solo de ida, en el que llegas y te dejan allí, y ya no podrás regresar a darte un bañito a Benidorm aunque no te gusten tus vecinos, la ridícula casa prefabricada en la que vas a pasar el resto de tu vida, el jardincito en el que plantarás tus patatas y tus tomates y el airuzo que debe rascar por esas latitudes. Vivirán, al parecer, sobre un lago subterráneo de agua dulce que ocupa una extensión de veinte kilómetros cuadrados, así que a los terrícolas convertidos entonces al marcianismo no les va a quedar otra que hacer agujeros por un tubo, con un tubo hidráulico, espero. A estos mil seguirán otros tantos y si el ritmo no decae imagino que la Tierra se irá quedando más vacía de chicos sanos y listos y más llena de vejestorios y de enfermos a la espera de que Bennu, que es como ha bautizado la NASA a un asteroide de medio kilómetro de diámetro, impacte sobre la Tierra el 21 de septiembre de 2135 y destruya toda forma de vida.

No sé cómo estará mi planeta dentro de ciento veinte años, pero espero que los futuros marcianos salven el patrimonio cultural de los terrícolas. Algo bueno hemos hecho.


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