Posteado por: josejuanmorcillo | septiembre 12, 2018

Cursos

Con septiembre comienza el curso, dicen muchos. Todos los cursos, desde el académico hasta el político. Pero los cursos no comienzan, continúan. La vida regala engañosos parones, como las balsas apacibles de los ríos; pero aun esa agua está en movimiento, fluye lentamente dejándose vencer por la caída natural del terreno, un agua que es siempre la misma, siempre dentro del eterno ciclo de la evaporación, condensación y precipitación desde las nubes. Bebemos la misma agua de nuestros antepasados, nos lavamos con la misma agua con la que hace siglos se sacaba de los pozos de una humilde venta para abrevar las bestias, nos bañamos en las mismas aguas con las que saciaron su sed los primeros pobladores de nuestro planeta.

Nada comienza, pues, ya que todo es una sucesión y una repetición de lo anterior. Los mismos políticos pero con distinto nombre pregonando con palabras hueras promesas que contradicen a las que en su momento defendieron días antes de unas elecciones; reportajes zonzos, sin calidad periodística, en gasolineras y puertas de hotel, sobre los miles de ciudadanos que terminan sus vacaciones y regresan al trabajo tras llenar los maleteros y los depósitos de sus vehículos; las mismas fiestas populares, con sus absurdas tomatinas, sus polvorientos encierros taurinos, sus botellones infinitos y sus aburridísimas cabalgatas; la vuelta al cole, la vuelta al trabajo, la vuelta a las calles ennegrecidas de contaminación, la vuelta a los besos de cortesía a vecinos y amistades, la vuelta a repetir cuarenta veces que tus vacaciones han sido como siempre, ya sabes, en la playita y descansando; ancianos moribundos de soledad y sin recursos económicos que se suicidan tras haber asesinado a su mujer encamada y en fase terminal; emigrantes famélicos y con la dignidad hundida, muchos de ellos niños, ahogándose un año más en el Mediterráneo, en las mismas aguas de las que bebieron nuestros abuelos, mientras Europa mira hacia otro lado, sentada en su butacón parlamentario, indolente y dispéptica.

Todo, en fin, es un curso cíclico de lo anterior.


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