Posteado por: josejuanmorcillo | mayo 9, 2018

Árboles desheredados

Hay árboles que han nacido con estrella, con la bendición de los astros y con la de los hombres. Hay árboles cuyo nombre figura en negrita en los libros de Historia y en manuales didácticos de colegios e institutos. Sabemos de la simbología del árbol de Guernica, admiramos la magnificencia de las secuoyas americanas, nos emocionamos al recordar esas hojas verdes que le han brotado al olmo viejo y moribundo del Duero gracias a las lluvias de abril y el sol de mayo. Los jerónimos del monasterio de El Parral en Segovia conservan en su huerto una encina cuya edad ronda los dos mil años, y una tarde fría y húmeda de febrero se me escurrió de las manos mientras sentía toda la vida acumulada en la rugosa corteza de su tronco.

También hay árboles sin historia, sin protagonismo, sin lustre. Son los plantados en las aceras de las calles principales, troncos finos y débiles, de hojas tristes y derrumbadas, brutalmente doblados por la impericia y nula sensibilidad de conductores, árboles jóvenes prematuramente enfermos por la basura y los detritos que abandonan en la escasa y macilenta tierra que les sirve de alimento. Árboles sin historia y sin nombre, como los nacidos espontáneamente en bosques y espesuras, y que suelen ser calcinados por los desoladores incendios que desertifican nuestro país.

Pero también hay árboles que son víctimas de la corrupción, del blanqueo de dinero, de la inhumanidad de algunos políticos. Jesús Sepúlveda, exalcalde del madrileño pueblo de Pozuelo, imputado ahora en la Gürtel, compró en Bélgica, en el año 2006, un centenario roble americano por 104.000 € ―cinco veces más de su valor real― y lo plantó en el parque de las Cárcavas, urbanización que ejemplifica el despilfarro. El roble, extraño e inadaptado entre carreteras de asfalto y moles de hormigón, comenzó a enfermar sin posibilidad de curación, y hace unos meses, moribundo y sin brotes, fue sacrificado.

Hay árboles que, como el hombre, nacen con la bendición de los astros; pero, de un modo abyecto, casi todos son víctimas de la crueldad, del abandono y del menosprecio.


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