Posteado por: josejuanmorcillo | diciembre 20, 2017

Pronóstico reservado

Para muchos, la Navidad acaba el 22 de diciembre a mediodía, mientras comen y ven por la televisión a los afortunados del Gordo descorchando botellas y abrazándose bajo lágrimas de alegría. Como otro año más, lo que toca es recoger la mesa y fregar los platos; como otro año más, lo que toca es trabajar salvo los días festivos, cenar con quien no te apetece compartir mesa y prepararse para la cuesta de enero y para las que tengan que venir.

Escuché hace poco en un bar a un señor que aseguró que una noche tuvo un sueño profético. Contaba que en él vio con mucha claridad, como las imágenes nítidas de una película, una calle de Alcalá de Henares, con soportales de columnas, y a mucha gente celebrando que les había tocado el Gordo de la Navidad. Al despertar del no-sueño, le dijo a su mujer que la invitaba un fin de semana a esta ciudad. «¿Y eso?». «Por nada, tengo ganas de conocerla». Así que marcharon hacia el pueblo natal de Cervantes y el hombre ―contaba― quedó impactado cuando comprobó que la calle principal de este municipio era exactamente la misma que la de su sueño. Fue entonces cuando el profeta le reveló a su esposa el motivo del viaje. «Nena, esta calle es la misma que soñé». «¿Y qué número apareció en el sueño?». «Ninguno. No llegué a ver el número premiado». Había en la calle, según él, tres administraciones de Lotería y en cada una compró un décimo. Ese año, el Gordo tocó en Alcalá de Henares, pero el desafortunado y exotérico profeta tuvo que conformarse con ver por la televisión la calle principal de la ciudad cervantina, con sus soportales de columnas renacentistas, y a decenas de afortunados mostrando a la cámara su décimo premiado.

A los españoles nos encanta vaticinar, que no pronosticar. Nos apasiona vaticinar el tiempo que hará dentro de una semana, el resultado del próximo partido de fútbol o dónde caerá este año el Gordo de Navidad. En el vaticinio intervienen elementos esotéricos como la adivinación, el pálpito o la profecía; los pronósticos, en cambio, se fundamentan en indicios. Pero hay pronósticos que son reservados, esotéricos, porque a veces varían y acarrean confusión.


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