Posteado por: josejuanmorcillo | septiembre 27, 2017

Cataluña en subjuntivo

Es más lo que nos une que lo que nos diferencia, y todos juntos, respetando nuestra diversidad cultural y nuestras identidades territoriales, somos más fuertes. Este proyecto de unificación que comenzó hace más de cinco siglos y que se llamó España fue posible cuando se dieron la mano las coronas de Castilla y de Aragón, y aquella alianza extraordinaria maduró en una nación de naciones cuya trascendencia cultural y política podría compararse con la del Imperio romano. Si no la recuerdo mal, Azorín acuñó esta frase: «La base del patriotismo es la geografía». La geografía, a lo largo de una labor invisible de siglos, pule los contornos etnográficos y lingüísticos de un pueblo; el carácter, la gastronomía y las tradiciones se desarrollan en estrecha vinculación con el entorno físico. Nadie pone en duda que un burgalés y un canario, manteniendo en una conversación sus profundos rasgos dialectales, parecen provenir de países distintos, pero comparten sus variedades en un espacio común. Aún siguen en mí frescas las palabras de una guía turística sevillana, muy joven, mientras entrábamos en los Alcázares: «Más allá de ser andaluces, somos castellanos que hablamos el español de forma distinta».

Y este es uno de los nexos que une a todos los peninsulares. A excepción del vascuence, nuestras lenguas son romances. No me acuerdo de quién dijo que las trifulcas lingüísticas aquí en España son innecesarias porque todos hablamos latín, pero mal. Y no le falta razón. Las lenguas romances, en ese proceso de desconexión con el latín, han ido perdiendo la grandeza gramatical de este. Fíjense en los verbos. Ya hemos perdido tiempos y aspectos verbales que en la lengua de Roma eran habituales, y algunos de los que nos quedan están a punto de desaparecer por falta de uso. Este es el caso del futuro de subjuntivo. Este tiempo lo empleamos para expresar una acción que muy improbablemente suceda en el futuro, y por ello en el ámbito jurídico es muy útil. No es lo mismo decir «Quien matare al Presidente de la República» que «Quien mate al Presidente…». Si en Cataluña se celebrare el Referéndum soberanista, la reacción del Gobierno sería inmediata y se aplicarían con firmeza y autoridad los mecanismos que salvaguardan los principios constitucionales, y en caso de que se nombrare la República de Cataluña no tendría esta ninguna validez política. Es cuestión de emplear bien el tiempo.


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