Posteado por: josejuanmorcillo | septiembre 13, 2017

El calor del establo (4-7-08)

Mucho se ha escrito y hablado de la Copa de Europa que la selección española de fútbol acaba de ganar. No se ha puesto en duda en ningún momento la calidad técnica de los jugadores, su juventud y su hambre de triunfo; pero sí circula unánimemente un comentario por todos los medios de comunicación que suscribe la mayoría de los españolitos de a pie: la principal causa de este éxito deportivo ha sido la magnífica sintonía y el ambiente de unión y amistad que se ha palpado entre los futbolistas españoles. Decía mi abuela que todo se pega menos la hermosura, y no le faltaba razón porque el país entero se sentía contagiado por ese mismo espíritu de alegría y de júbilo; todos parecíamos iguales, idénticos, arrastrados por un entusiasmo embriagador y adictivo que nos hizo olvidar por unos días la subida de la gasolina, de la hipoteca y del IPC. Ha sido como regresar a la época en que ciertos emperadores de Roma, como Julio César o Aureliano, para ocultar al pueblo las graves crisis políticas, militares y económicas, regalaban a la intranquila plebe trigo y entradas al circo para asistir a las carreras de cuadrigas, y así hicieron bueno el lema que inmortalizó el poeta Juvenal en una de sus sátiras: Panem et circenses (`Pan y juegos circenses´).

            Hace unos dos años me sorprendió descubrir que, en EE UU, el autor más vendido durante unas semanas fue Baltasar Gracián, y por motivos políticos y electorales. La razón es clara, porque subraya nuestro escritor barroco que para ganarse al pueblo no hay que dirigirse a la minoría intelectual y pensante, sino contentar de algún modo a la mayoría social, a esa masa social compuesta sobre todo de analfabetos y pobres y que padece la presión asfixiante de una mala gestión económica y social por parte del gobierno establecido. La idea fundamental que sobresale es la de tratar al pueblo como un rebaño de ovejas para que no analice demasiado la realidad y ser, así, dirigido y gobernado con docilidad y mansedumbre. La voz latina para rebaño es grex, de donde fueron surgiendo numerosas palabras en nuestra lengua como grey, empleada en el ámbito eclesiástico para aludir al “rebaño” de la Iglesia. Aquellos pastores romanos, que fueron retratados bucólicamente en una Arcadia idílica, hablaban de agregar cuando añadían un animal a su rebaño; si lo separaban por bien de la manada, lo segregaban; si el rebaño se dispersaba, se disgregaba; y cuando lo reunían para volver a la majada, lo congregaban. Estos verbos, que son tan comunes y aplicables entre los hombres, se empleaban para el ganado, y no debemos estar muy lejos de nuestros domesticados pesuñosos, principalmente cuando el hombre se define a sí mismo como gregario por su carácter obligadamente social y comunitario. A la hora de hablar de la irracionalidad del gregarismo humano ejemplificado en el fenómeno hincha, un periodista tuvo el acierto de destacar la definición que sobre ello nos legó Nietzsche. Este despreciaba el hecho de que los humanos se dejasen empujar irracionalmente por un fervor tan apasionado que les hiciese actuar y pensar de manera idéntica y mansa, como un rebaño de ovejas manejado por un perro que cumple las órdenes del pastor; a ese ardor popular, a esa excitación enloquecedora e inevitable la definía el filósofo alemán como el calor del “establo”. A pesar de los años transcurridos, la domesticación de masas sigue siendo una útil herramienta política.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: