Posteado por: josejuanmorcillo | julio 6, 2017

“La regata”

Desde tierra adentro desemboqué hace unos días, como todos los veranos, en las cálidas aguas del Mediterráneo. Dicen por aquí, y con un humor fino y elegante, que Alicante es la provincia más limpia de España porque en verano limpia La Mancha. Pues sí. En este éxodo voluntario he traído conmigo una maleta con lo imprescindible, si entendemos por imprescindible el aseo, algo de ropa y los cargadores. El resto del espacio lo ocupan mis libros.

Entre ellos siempre está Manuel Vicent. Acabo de leer La regata, su última novela. Con una escritura luminosa y elegante, el novelista vuelve a la Circea de Son de mar para colocar en su puerto y en sus pantalanes un puñado de personajes de la alta sociedad española que se han reunido junto a sus veleros para realizar una regata con salida y llegada a Circea y durante cuya travesía deben cruzar las Islas Baleares y llegar hasta el puerto de El Alguer. Detrás, como un trascoro argumental, un conocido empresario, tras ingerir una generosa dosis de viagra, cae fulminado por un ataque al corazón sobre el cuerpo de su joven amante, una conocida actriz española, a la que, por hacer realidad una fantasía, había atado de pies y manos en una cama de una finca propiedad de aquel. Salvo Ismael y su abuelo Joan, que representan la pureza y la autenticidad de la cultura levantina, desfilan en negro sobre blanco un exministro corrupto del PP perseguido por la Justicia, un afamado cirujano estético con su secretaria-amante, un tiburón de la especulación inmobiliaria o una familia del Opus, personajes-peleles que esperpénticamente despliegan sus dorados e inmorales plumajes de avechuchos y a los que Vicent deja libres en las páginas de su novela para que sus traspiés y graznidos sean blanco de las risas y, a veces, de la conmiseración del lector. Nuestro novelista ha compuesto de esta manera un lúcido sainete mediterráneo barnizado de ácida crítica social, una novela en la que siguen presentes algunos guiños a aquella cultura grecorromana que ha conformado esta realidad mediterránea y europea, una novela, en fin, en la que Vicent inserta fragmentos dramatizados declamados por actores (la ficción dentro de la ficción) además de emplear como pocas veces una prosa preñada de figuras retóricas, de ritmos y de simbolismos que la acercan al ámbito poético. Una obra brillante de un maestro de la narrativa en lengua española.

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