Posteado por: josejuanmorcillo | junio 14, 2017

Un toro es un toro

Los nuevos guardiaciviles que son nombrados suboficiales pueden ejercer de delegado gubernativo en los festejos taurinos que se celebren en muchos pueblos. Para este fin, se les imparten conocimientos en la academia de Úbeda, pero al docente que este lunes explicaba las normas por las que se rige la tauromaquia se le ocurrió, quién sabe si excitado por la emoción, poner en práctica el arte de Cúchares, así que sacó los trastos y exhibió un toreo de salón que despertó los olés, vítores y carcajadas de los incrédulos y amenizados alumnos.

Que los toros forman parte de nuestra cultura es indiscutible. Me quedo con dos pensamientos de dos intelectuales que no son cualesquiera. El de Federico García Lorca, que afirmó que «los toros son la fiesta más culta que hay hoy en el mundo»; y el de Ortega y Gasset, que no dudó en escribir que «la historia del toreo está ligada a la de España, tanto que sin conocer la primera resultará imposible comprender la segunda». En aquellos primeros años del siglo XX, tauromaquia y cultura suponían dos conceptos consustanciales para la élite culta. Ignacio Sánchez Mejías fue un buen escritor y un destacado miembro de la Generación del 27. Juan Belmonte, quien modernizó la tauromaquia con la creación de los cuatro momentos del toreo ―parar, citar, templar y mandar―, era amigo de Hemingway (en Muerte en la tarde y Fiesta aparece el torero) y participaba en tertulias literarias con Pérez de Ayala, Gregorio Marañón, Ortega y Gasset, Gerardo Diego ―que escribió su «Oda a Belmonte»― o Valle Inclán, quien, según leemos en la biografía que sobre Belmonte escribió Chaves Nogales, le dijo un día: «¡Juanito, no te falta más que morir en la plaza!», a lo que respondió el sevillano: «Se hará lo que se pueda, don Ramón».

Pero hoy es distinto. Habla un torero y parece que no ha leído un libro en su torera vida, y los lees en alguna red social y sonrojan sus faltas de ortografía. Talavante respondió así a una cuestión sobre la relación entre el toro y el torero: «Un toro es un toro, y amigo no puede ser porque no habla, y enemigo tampoco porque tampoco habla». Lleva razón el chaval, a veces las palabras están de más. Espero y deseo que, allá en Úbeda, los nuevos suboficiales, una vez terminado el toreo de salón, hayan recibido una correcta formación teórica sobre este arte, hoy más que nunca controvertido.

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