Posteado por: josejuanmorcillo | junio 2, 2017

Egolatría

A pesar de los colosales avances que ha proporcionado el ámbito tecnológico para el desarrollo cultural y para todo tipo de descubrimientos científicos que, en su conjunto, vienen a subrayar la insignificancia de la existencia humana dentro del cosmos, todavía hay quien piensa que somos creación a imagen y semejanza de un dios omnisciente y omnipotente. Este egocentrismo basado en una autoestima alimentada con el suero ideológico de que somos una creación divina no tiene fin. «Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro», sentenció el sabio.

La egolatría humana ha sufrido tres grandes golpes en los últimos cinco siglos. El primero de ellos lo asestó Copérnico con el planteamiento de su teoría heliocéntrica, teoría que fue inmediatamente respaldada, a principios del s. XVI, por la Universidad Complutense y de la mano de Cisneros; hay que esperar un siglo más para que Galileo demostrara axiomáticamente que la Tierra no es más que un planeta que gira alrededor del Sol y de que la Biblia se equivocaba al asegurar que nuestro planeta era el ojito derecho de Dios. El segundo mazazo lo propinó Darwin al probar científicamente que el hombre es el resultado de una evolución de los antiguos primates, es decir, que somos primates evolucionados debido al desarrollo de una inteligencia propiciada por el entorno y por una alimentación rica en proteínas. La Iglesia tardó siglo y medio en dar la razón al científico inglés, y lo hizo por boca de Juan Pablo II. El tercero y definitivo nos lo atizó Freud con su teoría del inconsciente: el hombre ni siquiera es dueño de sí mismo pues hay otro yo, el inconsciente, que se manifiesta cuando descansa el consciente y al que no podemos controlar.

Stephen Hawking, en su libro El gran diseño, publicado en 2010, demuestra con las actuales leyes físicas que no hay ningún dios detrás de la formación del Universo como tampoco lo hay en la creación de los seres vivos, como ya sentenció Darwin. La estupidez humana y nuestro temor ante la irrelevancia de nuestra existencia y ante la nada que nos espera tras la muerte empujan al ser humano débil de pensamiento al paroxismo religioso, y en nombre de un dios se sigue asesinando y cometiendo crímenes atroces que denigran la dignidad humana. «Solo somos una raza avanzada de monos en un planeta menor de una estrella muy normal», escribió Hawking. No hay más.

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