Posteado por: josejuanmorcillo | mayo 18, 2017

“Black Mirror”

El título de esta columna coincide con el nombre de una serie británica que me recomendó hace poco un pintor al que estimo como buen amigo y extraordinario conversador. He visto tres temporadas, y sus capítulos pueden seguirse en el orden que uno desee pues la trama y los personajes no están interrelacionados. Sí existe un hilo temático que angustiosamente los ensarta a todos: la brutalidad, la irracionalidad y la autodestrucción a las que nos empujan las redes sociales y medios de comunicación a través de la pantalla de dispositivos móviles y ordenadores. Algunos capítulos se contextualizan en un tiempo futuro, pero que se nos antoja verosímil e incluso real. No es una serie de ciencia ficción, sino de ciencia terror en la que, sin conmiseración, se critica con dureza la obsesiva dependencia de nuestra especie a la tecnología digital hasta el límite de basar las relaciones sociales en unos dispositivos en cuya pantalla negra, luctuosa, nos vemos reflejados cada vez que los apagamos. Acoso cibernético; concursos televisivos cuya audiencia la engrosan gentes hambrientas de carnaza y de escarnio público; tecnología punta que nos hace visibles a todos y que nos priva de nuestra intimidad; empresas de robótica que reproducen fielmente a un ser querido que ha desaparecido, pero sin la calidez ni los valores humanos del fallecido; o aplicaciones con las que se valora nuestra popularidad y de la que dependerá nuestro prestigio social son algunos de los temas que se plantean en sus capítulos.

La ficción, lamentablemente, se hace realidad. Ballena azul es el nombre de un juego virtual, supuestamente creado en Rusia y al que se puede acceder desde redes sociales como Facebook, dirigido a adolescentes con baja autoestima y socialmente excluidos, que consiste en superar cincuenta pruebas de autolesión ―que deben verificar fotografiándolas y colgándolas en la red― hasta llegar a la última y definitiva, que es el suicidio. Por desgracia ya han sido confirmados en Cataluña los casos de cinco estudiantes de Secundaria cuyas lesiones impuestas por este juego virtual los han dejado al borde de la muerte.

¿Qué sociedad heredan nuestros hijos? ¿Qué sociedad es esta, esclavizada a la pantalla negra del móvil y que abomina del placer de la conversación, del paseo y de la lectura? Me aterra imaginar que los acontecimientos narrados en los capítulos de esta serie británica se materialicen dentro de unos años y desemboquen en una deshumanización brutal e irreversible del género humano.

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