Posteado por: josejuanmorcillo | abril 26, 2017

Carteros

Ahora que estamos cruzando con dificultad, como si anduviéramos sobre los pedruscos sueltos que unen las dos orillas de un río, esta época de profunda crisis humanística y de deterioro de los más elementales valores humanos, se tiende a alimentar el desencanto, desde muchos medios, con noticias y datos tan pesimistas que incluso rozan el catastrofismo. No me negarán, por ejemplo, que se fomentan las investigaciones sobre todo aquello que esté en riesgo de extinción. Es como si volviésemos al decadentismo que se vivió en Europa hace algo más de un siglo. Pueblos muertos, plantas y animales que desaparecen por obra y gracia del hombre, lenguas que agonizan porque ya no quedan apenas hablantes que la conserven, tradiciones y costumbres folclóricas que perecen y que quedarán fosilizadas en las páginas de alguna tesis doctoral… Ni siquiera el ser humano se libra, pues, de hecho, ya han anticipado algunos sabios actuales que, de seguir en esta línea de superpoblación y de destrucción del entorno, la Tierra será inhabitable dentro de cincuenta años y la supervivencia de nuestra especie solo está garantizada si nos encapsulamos en cohetes y nos vamos a otro planeta a dar la tabarra.

Leí hace poco que también hay profesiones en riesgo de extinción, y me provocó un cierto encogimiento del alma comprobar que la lista la encabezaban los carteros. A mí, y me imagino que a la mayoría de los lectores, su presencia en las calles y en el barrio me genera confianza y, si me lo permiten, familiaridad: ellos saben quién está y quién no, quién se ha mudado y quién está enfermo, escuchan ―poca gente hoy día sabe escuchar― los testimonios y los desahogos de los vecinos. Se decía en este estudio que ya apenas reparten cartas personales ni felicitaciones navideñas; solo notificaciones, envíos publicitarios y recibos del banco. Y que la salvación de este oficio pasaba por reconvertir sus servicios y desempeñar funciones nuevas: informar de desperfectos en vías urbanas, certificar obras o acompañar unos minutos, abriendo y leyendo sus cartas, a ancianos lacerados por la soledad.

Las nuevas tecnologías y las grandes empresas de logística y de envío masivo de paquetes han dado la puntilla a una profesión secular que ―no lo olvidemos― ha sido necesaria en el transcurso y evolución de nuestra Historia y de la cultura universal. Si desapareciese la cartería, se iría con ella un trocito sustancial de nuestra existencia.

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