Posteado por: josejuanmorcillo | marzo 29, 2017

Miguel Hernández

Hoy florecen las higueras, hoy las abejas alimentan el alma de las voces húmedas de limones, hoy pacen las cabras por las huérfanas peñas de Orihuela; hoy los agricultores, con los pies hundidos en barbechos, suben sus codos por candelas y muestran orgullosos sus amplias sonrisas de largos labradores; hoy el río se amansa, se hace suave y tierno, henchido de rayos, y las abarcas, aún vacías, siguen esperando el calor de sus pies; hoy los compañeros callados, compañeros del alma, hablan desde el fondo de la tierra y reverdecen sus abrazos de hermanos; hoy las cebollas se escarchan de lágrimas y los niños se quedan dormidos entre los brazos de sus madres. Hoy hace setenta y cinco años que murió Miguel Hernández, que se alejó de la tierra y se hizo espuma, que se fue pero que nos dejó su voz y una fría herida de lunas que nadie puede cerrar.

Josefina dijo en una ocasión que Miguel nunca escribía en casa. Salía al campo y a veces se pasaba horas antes de regresar; caminaba y escribía en las huertas sentado sobre la tierra o apoyado en un tronco bajo la sombra de un árbol; salía al campo, a donde él pertenecía y de donde se alimentaban sus versos, versos que generosamente florecían con imágenes sublimes, profundas y sinceras. Josefina sabía que Miguel había escrito algo bueno cuando volvía a casa sonriente y ella lo celebraba oyéndole recitar sus poemas.

Siempre que puedo paseo por las calles de Orihuela o visito la tumba de Miguel en el cementerio de Alicante. Son momentos de callada comunión entre su voz y la mía, de exaltado silencio. Pero, a veces, se me enturbia la garganta de hiel cuando me asalta la execrable evidencia de lo insensible y deshumanizada que puede llegar a ser la sociedad con los grandes escritores, con los genios de la palabra, con los creadores de pensamiento. O los fusilamos, o los encerramos en celdas insalubres hasta la muerte, o los olvidamos en vida, que es el peor de los olvidos. Los escritores son patrimonio de la cultura universal; asesinarlos o acallarlos con el hierro de las prisiones debería considerarse un crimen de lesa humanidad. Hace setenta y cinco años enmudeció en Alicante, con tan solo treinta y un años, agujereado su tórax por cánulas por las que supuraba el pus de los pulmones, una de las más excelsas voces poéticas en la Historia de la literatura en lengua española.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: