Posteado por: josejuanmorcillo | marzo 15, 2017

Trump

Me lo propuse con firmeza, me obligué a no escribir ni una línea sobre el actual presidente de los Estados Unidos porque no quería malgastar mi tiempo ni mis fuerzas en hablar de él. Simplemente no merece la pena, no hay nada que se pueda hacer desde esta columna ni desde ninguna para que este personaje cambie de rumbo político, oriente sus acciones hacia el bien general de la sociedad, fomente el respeto y la convivencia entre sus ciudadanos, luche contra la desigualdad social, no alimente el fuego de la discordia ni el de la guerra, emplee sus esfuerzos en el diálogo entre naciones, ayude a los más desfavorecidos y sea un ejemplo de valores humanos para una nación que dio sus primeros pasos hace algo más de dos siglos sobre los cimientos de emigrantes provenientes de todos los rincones del mundo, emigrantes que fueron el motor que lanzó y consolidó a los Estados Unidos como una nación grande, poderosa y ejemplar, y todo ello a pesar de su extremada juventud frente a otros países con una Historia y con una cultura milenarias.

Este hombre tan poderoso debe de leer muy poco; este personaje tan relevante para el devenir de la Historia en el ámbito internacional no es en absoluto un abanderado de la cultura. Sus discursos, ideados con la simplicidad retórica de un escolar, construidos con oraciones simples y machaconamente repetidas, recuerdan a los que escupían los tiranos europeos de la II Guerra Mundial frente a cientos de miles de seguidores que los escuchaban con los ojos encendidos, como ovejas hambrientas y asustadas, como feligreses de una funesta secta redentora. Este hombre hace morritos de niño consentido y ensaya posturas histriónicas cuando firma la construcción de un muro de la discordia desde el que mirar con los ojos engolados al país vecino, cuando aprueba una reforma sanitaria que dejará sin seguro médico a unos veinticuatro millones de estadounidenses para ahorrar más de trescientos mil millones de dólares e invertirlos en armamento, cuando prohíbe a cualquier musulmán la entrada a su país o cuando se gasta unos nueve millones de dólares de los contribuyentes, todos los fines de semana, para irse, con su familia a cuestas, a su mansión de Florida.

Tenemos lo que nos merecemos y acabaremos todos sufriendo las consecuencias que se derivan de decisiones precipitadas, poco meditadas y nada inteligentes.

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