Posteado por: josejuanmorcillo | noviembre 9, 2016

“El beato”

 

Volví este verano a Galicia tras una larga ausencia, y en este regreso redescubrí sus contornos, sus gentes, su cultura, su lengua, y no tardé en impregnarme del silencio adormecido de sus playas, de la melancólica infinitud de su océano. Y quiso la casualidad que me topara con El beato, último libro de Alfredo Conde, galardonado con el LXII Premio Ateneo de Valladolid.

Más allá de la admiración que profeso por el autor de El Grifón, debo confesar que es la sinceridad la que me empuja a considerar El beato una gran novela. Desde la vaporosa existencia de su purgatorio, el alma de fray Julián de Chaguazoso ―personaje real nacido en Galicia en 1502 y proclamado santo en Puebla Nueva de los Ángeles― flota sobre los restos de su tumba y narra su propia vida guiándose de una hagiografía ilustrada que pintó en su día fray Tadeo de la Aguadilla. Manteniéndose fiel a una técnica narrativa muy próxima a la novela picaresca, el protagonista-narrador intenta clarificar los principales episodios de su vida: sus difíciles y humildísimos orígenes; los distintos amos a los que va sirviendo durante su exilio voluntario de su Galicia natal hacia el puerto onubense de Palos, desde donde tomará un barco hacia América ―«Mi vida ha sido una larga huida de mí mismo», afirma el protagonista―; y el afán constante de medro, que le permitirá hacer fortuna en territorio mejicano construyendo carros para el transporte de mercancías entre distintas poblaciones precolombinas.

Alfredo Conde ha escrito una novela que no puede leerse si se prescinde de la cultura y del folclore gallegos. Con frecuencia introduce galleguismos que se ajustan a la realidad galaica (sobreiras, cangas, mulidas, cabezalla, chavella…), a la idiosincrasia de sus gentes ―sostiene el protagonista que la morriña nace del radón que se desprende del granito― y a ciertas supersticiones y creencias populares muy arraigadas en Galicia (meigas,  bruxas o santos como san Andrés de Teixido o san Brandán). Para mayor alegría, se intuyen lejanos acentos: percibo, así, un eco machadiano en el intertexto «como los hijos de la mar», que centellea eterno sobre las tranquilas aguas de la prosa del gallego. Por todo ello, y por la calidad literaria de sus obras, puede entenderse que Alfredo Conde, Premio Nadal y Nacional de Literatura, figure, año tras año, en la nómina de candidatos para el Premio Nobel.

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