Posteado por: josejuanmorcillo | octubre 13, 2016

Palomas

Nuestras ciudades están infestadas de palomas. Se reproducen como ratas y sus palominos corroen la piedra de edificios y monumentos con la contundencia de una densa lluvia ácida, viscosa. Empresas expertas en el exterminio de plagas y roedores se han puesto manos a la obra y ahora se están especializando en espantarlas y ahuyentarlas, que no en matarlas porque, al parecer, la zureadora está protegida por la ley y, además, muchas de las que vuelan por nuestros tejados son propiedad de colombicultores que no dudarían en mandar a los tribunales a todo el que se atreviera a ponerles los dedos en el plumón. Precisamente fue un colombicultor quien, en una ocasión, me contó que la paloma se distingue del resto de las aves por la extremada violencia que emplea con sus congéneres; me aseguró que, si al palomar llegaba una que estuviese herida, las compañeras la picoteaban sobre la llaga abierta hasta matarla. Menuda leche se gasta la que es considerada como el pájaro de la paz, como el símbolo de ese espíritu que desde el cielo cae sobre nuestras cabezas como un maná redentor.

A mí me da que este pájaro es de mal agüero. Tanta rama en el pico, tanto espíritu salvador, tanta paloma que se equivocaba creyendo que el trigo era agua, tanto zureo y arrullo amoroso, tantas palomitas y palometas, tanta historia bonita y ahí lo tenéis, gorrino como él solo y más violento que un ultra con dos copas de más. Y, ahora, para mayor desconcierto, dos universidades ―una neozelandesa y otra alemana― han llegado a la conclusión de que las palomas saben ortografía. Y no es broma. Las palomas que protagonizaron tan singular experimento fueron capaces de aprender entre veintiséis y sesenta términos, más incluso que algunos avechuchos televisivos que aún no han pasado de la fase de la berrea, del «tío» y del «mola mogollón». Yo incluso he llegado a plantearme si de ese oficio ancestral de ser mensajeras a larga distancia les habrá quedado a las palomas un algo misterioso e inextricable en la identificación gráfica de palotes que forman una palabra, y que esa habilidad gráfico-léxica se ha impreso en su ADN como una reencarnación perpetua e imperecedera. Hoy he vuelto a mirar al cielo y he visto una bandada de torcaces, y me la he figurado como ese huracán lorquiano de negras palomas que chapotean las aguas podridas del hambre, del miedo, de la violencia, de la muerte.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: