Posteado por: josejuanmorcillo | septiembre 13, 2016

Tralará

Ahora que empieza setiembre, vamos a contar mentiras, tralará. Abro varios libros de texto de Secundaria, actualizados con los últimos avances y descubrimientos en los ámbitos científico, tecnológico y humanístico, y mucho de lo que nos enseñaron hace tres décadas ha quedado tachado e inservible bajo la densa pátina de la novedad. Nos contaban aquellos libros ­­―que debíamos subrayar, memorizar y digerir como máquinas― que Colón descubrió América, y ahora sabemos que fueron los vikingos, allá por la Alta Edad Media europea, quienes decidieron navegar hacia el oeste de su Grönland (la `tierra verde´) y llegaron así a las costas de la actual Terranova, a las que llamaron Winland, o `tierra del vino´, por su clima y la feracidad de sus tierras; a Colón le queda el consuelo de ser el primero, cinco siglos más tarde, en llevar la hispanidad o, si se quiere, la europeidad al continente americano. Leíamos en clase de Filosofía y en la de Ciencias que el hombre posee cinco sentidos corporales, de los que dos ―la vista y el oído― son los espirituales y tres ―tacto, gusto y olfato―, materiales; ahora se nos recuerda que son más ―algunos libros hablan incluso de veinte―, entre los que sobresalen el sentido del equilibrio, la termocepción (nuestros sensores de temperatura), la nocicepción (los sensores del dolor) y la propiocepción, que es el sentido que nos permite localizar la ubicación de las diferentes partes de nuestro cuerpo. Insistían aquellos bostezantes catones de casi cuatrocientas páginas en que la vida en la Tierra se dividía en dos reinos, el animal y el vegetal, pero los libros de hoy nos recuerdan que la clasificación está establecida en cinco: animales, plantas, hongos, moneras (bacterias) y protistas (eucariotas). Estudiamos que en el espacio no hay gravedad, pero lo cierto es que, de no haberla, nada se mantendría unido, y que gracias a ella todos los cuerpos celestes experimentan la llamada «interacción gravitatoria», que no es otra cosa sino la aceleración que experimentan en la proximidad de otro objeto astronómico.

Ojeo, en fin, en las páginas de la memoria aquello de que la política es el ejercicio más noble del ser humano pues se basa en asegurar la prosperidad, la justicia y la igualdad de los ciudadanos, y se insiste en que solo las personas cultas y altruistas deberían ser los representantes públicos de la ciudadanía. No quiero abrir ningún libro de texto actual. ¿Para qué? Tralará.

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