Posteado por: josejuanmorcillo | julio 21, 2016

Góngora

El 11 de julio se ha cumplido el 450º aniversario del nacimiento de Góngora y, con él, han comenzado los actos para la celebración de la efeméride, entre los que cabe destacar la exposición «Góngora. La estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo» y la presentación en la Biblioteca Nacional del hallazgo de un manuscrito del cordobés que la hispanista Amelia de Paz halló por casualidad y en el que, movido por alguna rencilla, el poeta acusa al inquisidor Alonso Jiménez de Reynosa ―antiguo amigo y confidente suyo― de llevar una vida amancebada con una tal María de Lara y de malversar dinero público para realizar obras en la casa de la barragana.

La rehabilitación literaria de Góngora comenzó a finales del s. XIX. Los modernistas sienten afinidad hacia el poeta barroco debido a que, para ellos, al elevar a lo más alto la poesía en su vertiente estética y musical, es un ejemplo de voluntad de refinamiento, de selección verbal, de alcance metafórico y de creación de neologismos, rasgos que encajaban a la perfección en los ideales literarios del Modernismo. Quien más se preocupó por conocer la poesía del cordobés fue Juan Ramón Jiménez, que durante algunos años editó su poesía. Al ser este el primer gran mecenas de la Generación del 27, les inculcó el estudio y el interés por la poesía de Góngora, y, como se sabe, la celebración del Tercer Centenario de su muerte en el Ateneo de Sevilla, en 1927, fue el motivo generacional para estos jóvenes poetas. A pesar de ello, Góngora no fue más que un motivo generacional para los del 27, un valor recién descubierto, y no una gran influencia literaria. De hecho, Dámaso Alonso, el gran investigador de la poesía gongorina, en 1928, unos meses después del homenaje, denuncia: «Es lamentable la limitación del sistema gongorino. Nos deja admirados, pero insatisfechos. Góngora no es nuestro poeta, ni menos el poeta. En 1928, acostumbrémonos a prescindir de él». Y surtió efecto, porque cuando unos años más tarde publica Miguel Hernández su extraordinario Perito en lunas, escrito en octavas reales e imitando el estilo gongorino, este no levantó apenas admiración entre la crítica literaria del momento.

«Hijos degenerados de Góngora», así denominaban los del 98 y otros como Ortega y Gasset a los admiradores del cordobés. Pero hoy, el gran poeta barroco reúne en torno a él más admiradores que detractores. Justo final a tan gran esfuerzo.

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