Posteado por: josejuanmorcillo | julio 13, 2016

“Culex molestus”

El Culex molestus no es un hongo que crezca y se reproduzca vertiginosamente allá donde nuestra espalda perdió el rabo. El latín, a pesar de ser nuestra lengua madre, conserva falsos amigos con el español que a cualquier lego en el ámbito de las lenguas clásicas conducirían a un error de traducción, como aquel Mater tua mala burra est que aprendimos en las clases de latín del Bachillerato prelogse y en el que lo único que no ofrece dudas de interpretación es lo de la madre. Este culex es un mosquito bastante molestus cuyo hábitat es el metro de Londres. Sólo vive allí y solo se puede reproducir con los del metro, no con los de la superficie. Lo extraordinario de este insecto es que se trata del resultado de una mutación en la que ha intervenido indirectamente el hombre. Es un caso de especiación, de aparición de una nueve especie por alteración del curso evolutivo de otra ya existente al crear el hombre un ecosistema nuevo, en este caso el metro de la capital inglesa.

No hay que bucear, sin embargo, en el reino de la entomología para encontrar Culex molestus. En el reino humano, y casi por sorpresa, se registra algún que otro caso de especiación, y principalmente en el hábitat de la dirección y administración. En él, un espécimen muy notorio es el que, en muy raras ocasiones, encontramos en aquellos que ejercen algún cargo de responsabilidad. No son las invitaciones a buenos restaurantes ni las generosas cestas navideñas con que los agasajan aquellos que se han beneficiado de alguna concesión administrativa lo que les ensancha el ego de jefecillos locales, sino el ser palmeados a ritmo de sarao por subordinados o amigotes cuando, con un insolente sentimiento de impunidad, estos despotillas cutres, estos cacicuchos de barrio se pavonean con alguna mamarrachada envuelta en comentarios obscenos, en chistes poligoneros o en posicionamientos antisociales cercanos a la psicopatía. El pavoneo resulta ya esperpéntico si estas piltrafas usan alguna red social, en la que se aseguran de estar rodeados por sus palmeros más fieles para poder dar rienda suelta al escarnio, al insulto y, en fin, a la chabacanería. Los palmeros se lo ríen todo, tanto frases como memes (tanto meme te hace memo), sin caer en la cuenta el caciquín de que estos son los que más se burlan de él. Este culex molestus no sale de su ecosistema; algo bueno debía tener el espécimen: que su hermafroditismo no se contagia.

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