Posteado por: josejuanmorcillo | mayo 11, 2016

Cuello blanco

De cuello blanco. Así es como llaman a los políticos y banqueros españoles que están en la cárcel por habernos robado a los declarantes millones de euros. Es como decir que son presos vip, presos top, presos de primera división. ¿Qué son entonces, ladrones de guante blanco y luego presos de cuello blanco? Leo asombrado que, en la cárcel de Soto del Real, se han registrado altercados personales entre cuellos blancos denunciantes con cuellos blancos denunciados por aquellos, y que, como si de un vodevil cutre se tratara, tuvieron que separarlos en distintos módulos para que no se arrancaran los pelos a mamporrazos; al final, y viendo los funcionarios que los cuellos blancos aprovechaban la mínima oportunidad para encontrarse, se tomó la decisión de trasladar a algunos de ellos a otras prisiones. Ladrones y poligoneros. Vaya ejemplo para los jóvenes, vaya modelo para la ciudadanía; y nosotros, en los centros educativos, cultivando los valores éticos y morales que fundamentan una sociedad civilizada, educada y culta. Y luego nos critican a los profesores, y nos vapulean y nos faltan al respeto… Si no estuviéramos nosotros, cuánta porquería acumulada, cuánto sinvergüenza de guante verde o gris o marrón convertido en preso de cuello verde o gris o marrón.

En celdas individuales y con televisor. Ladrones de guante blanco y presos de cuello más blanco que el corderito de Norit, ese que blanquea la ropa y la deja limpia de lamparones, de barro y de mierda. Lobos con piel de cordero, incapaces de disimular su voz rota y cazallera cuando balan frente a cámaras y micrófonos procurando ofrecer una imagen limpia, blanca e inmaculada; ladrones de cuello blanco a los que se les permite, una vez dentro del trullo, ser presos de cuello blanco.

Los modernistas consideraban al cisne un bello y decadente símbolo estético y literario. Su largo y curvado cuello blanco, que culminaba en su estilizado pico negro, les recordaba un signo de interrogación, y era para aquellos intelectuales un trasunto del gran interrogante de la existencia humana: de dónde venimos y a dónde vamos. Cuando el Modernismo dejó de ser tendencia literaria, el poeta mejicano Enrique González Martínez, en 1911, lo sentenció en un soneto cuyo primer verso reza: «Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje». Así es. El cuello blanco dejó de ser moda en España hace más de un siglo.

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