Posteado por: josejuanmorcillo | abril 13, 2016

Cervantes y la DGT

La DGT habla en endecasílabos. Y lo hace en los paneles informativos instalados por decenas en autovías y autopistas, esos paneles que aspiran a puentes pero que se han quedado en tristes andamios de acero ennegrecidos por el dióxido de carbono bajo los cuales los vehículos transitan insomnes y a la vez recelosos de algún radar oculto que los pueda fotografiar si superan la velocidad permitida. Paneles tristes, aguantando a duras penas hielos y recalentamientos tan rigurosos que provocan averías en sus conexiones que llegan a inutilizar por completo la pantalla, o a mostrar criptogramas ininteligibles, o a iluminar letras amputadas cuya disformidad no impide que se entienda el mensaje. Mensajes que —queda dicho— se redactan en endecasílabos. Y lo descubrí por casualidad el día en que, atrapado en un atasco, leí en la pantalla de un panel «Tráfico denso en acceso a autovía»; y no niego que movido por el aburrimiento analicé el cómputo silábico, sus cuatro golpes tónicos que le confieren un ritmo ágil y continuo, y la rima interna entre «denso» y «acceso» que dota de mayor musicalidad ese texto en apariencia aséptico y despersonalizado. La belleza puedes encontrarla donde menos te lo imaginas. Pensé en quién lo habría redactado, cuál sería su formación literaria, si el verso fue fruto de la casualidad o tal vez nació de su voluntad de componerlo así. Desde entonces reconozco que me fijo en todos los mensajes de los paneles, y no dejo de sorprenderme cuando compruebo que casi todos son endecasílabos: : «Vigilancia especial en secundarias», «Velocidad controlada en radar», «Campaña de velocidad y drogas», «Campaña de control de alcoholemia». Magnífico.

Ni el mismísimo Cervantes escapó de la seducción de este verso cuando tituló su obra con un endecasílabo, El ingenioso hidalgo Don Quijote, pero el impresor decidió cambiarlo añadiéndole «de La Mancha». Cervantes, que le vendió los derechos de autor de la obra, nada pudo hacer por impedirlo, a pesar de lo cual, quizás movido por la nostalgia, el alcalaíno siempre nombraba a su obra como «mi Don Quijote», su Quijote, el ingenioso, adjetivo que en la época de Cervantes se empleaba para aludir a una persona dotada de sutilidad, de habilidad, de inteligencia, esa inteligencia que le permitía al Caballero de la Triste Figura observar la vida como nadie era capaz de imaginarla. «No son paneles, sino planchas poéticas», tal vez habría exclamado él.

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