Posteado por: josejuanmorcillo | marzo 1, 2016

Aullidos

Escribió Lorca en una ocasión que se percibía «algo ultrafuneral que nos llena de pavor en el aullido del perro», y estaba el poeta fascinado con la idea de que «la Muerte llega y ordena a los perros cantar su canción». El aullido es la canción que cantan los perros cuando perciben la presencia de la muerte. Posiblemente sea así. De pequeño, en una casa de campo a las afueras de la ciudad y rodeada de bancales, polvo y silencio, crecí con perros. Para sentirse más segura y protegida en las largas, oscuras e inquietantemente silenciosas tardes de invierno, en las que se encontraba sola con tres niños pequeños, mi madre ordenó que hubiera muchos; hasta siete llegamos a tener, y en cuanto ladraban o aullaban nos ordenaba mi madre que entráramos en la casa. Solo cuando los aullidos se eternizaban durante la noche, cargaba mi madre la escopeta con dos cartuchos y la dejaba encima de la mesa del salón por lo que pudiera pasar. Me fascinaban los aullidos de los perros. En alguna ocasión en que salía con ellos a pasear y me sentaba a descansar en una piedra y servilmente se sentaban a mi alrededor, solos entre tanta extensión de tierra, comenzaba yo a aullar, y alguno cerraba los ojos, otro apoyaba la cabeza sobre sus patas delanteras, otro elevaba sus orejas y se impacientaba, otros aullaban conmigo. Me veía como un bardo entonando a mis devotos los arcanos de la vida, los misterios de la otra existencia en un lenguaje tan arcaico como los primeros balbuceos de la humanidad.

La idea anterior entronca con una simbología muy antigua en la cultura occidental según la cual el perro es el acompañante del muerto en su «viaje nocturno por el mar», es el guía que parece acompañarnos con sus aullidos, esos aullidos interminables que nos empujan a seguir viviendo, día tras día, sin posibilidad de volver atrás, como le escribió José Agustín Goytisolo a su hija Julia, a la que llamó igual que a la madre perdida, muerta en un bombardeo franquista en Barcelona. Hay algo ultrafuneral en el aullido del perro, dijo Lorca; hay algo insondable en los aullidos lastimeros que gimen los perros cuando huelen la presencia de tumores cancerosos en el cuerpo aún vivo de sus dueños; hay algo misterioso en los aullidos fríos y huecos que solloza un perro junto a la tumba de su amigo. Hace mucho tiempo que no oigo aullar a los perros; quizás la ciudad sepulta sus lamentos con lazos de desafecto.

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