Posteado por: josejuanmorcillo | enero 27, 2016

Por la gracia de Dios

Por la gracia de Dios. Por esa gracia divina, dice Francisco Rivera Paquirri, es torero, y por esa misma gracia —que de graciosa tiene muy poco— tomó a su bebé de cinco meses en un brazo, salió a un coso ganadero, se armó el otro brazo con un capote y bregó con suavidad y largueza a una vaquilla brava que, a tenor de las fotos, por la forma de meter la cabeza y beber del trapo, debía de ser noble. Por la gracia de Dios no se tropezó, ni resbaló, ni le perdió la cara al animal, y por esa misma gracia no hizo ningún movimiento brusco ni violento que hubiese podido dañar las frágiles cervicales de la criatura. Por desgracia, vaya usted a saber si aquí intervino o no la divinidad, al maestro Bienvenida, en la finca de Amelia Pérez Tabernero, lo mató una vaquilla cuando, desprevenido, lo embistió por detrás y le fracturó varias vértebras. Tenía entonces Antonio cincuenta y tres años, y fue Paquirri (padre) uno de los diestros que pasearon a hombros el féretro por la plaza de toros de Las Ventas, esos hombros sobre los que, coincidencias de la vida, alguna vez colocó imprudentemente a sus hijos Francisco y Cayetano cuando tentaba vacas. Sobre los hombros lleva el torero el peso de la vida y el de la muerte. En varios tuits sembrados de incorrecciones gramaticales, que transcribo literalmente, escribe Fran Rivera: «Jamás a estado mi hija más segura, soy torero por la gracia de Dios, vivo para esto y le dedico 365 días al año ni por un segundo corrió el mínimo peligro. Hay muchas más cosas peligrosas que no voy a entrar en ellas que están llenas de niños. Respetar nuestras tradiciones por favor».

Por la gracia de Dios, el papa Pío V redactó en 1567 una bula en la que calificaba a las fiestas taurinas de «sangrientos y vergonzosos espectáculos, dignos de los demonios y no de los hombres» y con la que excomulgaba a todos los que, incluidos gobernantes, «consintiesen las corridas de toros y […] se solazasen con ellas». Pocos años duró la prohibición, entre otros motivos porque la Universidad de Salamanca, encabezada por Fray Luis de León, se negó a obedecer. Así que, fíjense: suerte ha tenido Fran Rivera y todos los de su profesión de que Fray Luis defendiese hace cinco siglos una fiesta cuyas señas de identidad, por la gracia de Dios y para desgracia de muchos, se basan en el coqueteo con la muerte, esa muerte que llevamos encima y penosamente arrastramos.

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Responses

  1. Muy grande otra vez, maestro, entrando en estas suertes con la pluma y con la conciencia, limpias y objetivas, como filólogo y, supongo que, un poco dividido, como hijo de torero.

    • Muchas gracias por tu valoración.

  2. Por la gracia de Dios que no hubo ninguna desgracia.


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