Posteado por: josejuanmorcillo | enero 13, 2012

Sibaritas (13-1-12)

No soy muy dado a las series televisivas porque, aunque sus primeros capítulos suelen entretener bastante para atrapar al mayor número posible de espectadores, progresivamente van incorporando contenidos, personajes y acciones que desvirtúan y enflaquecen la tensión argumentativa inicial. Pero sí hubo una serie que me pareció magnífica desde el primero hasta el último de sus capítulos. Es española y lleva por nombre Crematorio. En ella se dibuja de una manera excelentemente realista y exacta, con sus aristas y contornos muy bien trazados, a unos individuos alicantinos vinculados al ámbito empresarial inmobiliario que a lo largo de los años fueron enriqueciéndose a base de especulaciones, cohechos y malversaciones, estrechando incluso, cuando se antojaba necesario, la mano negra de la mafia rusa para extorsionar a gente incómoda y para blanquear dinero sucio. Detrás de estos personajes fríos descubrimos a sus familiares repartidos en tres generaciones: algunos participan del negocio con la misma insensibilidad que la del patriarca empresarial; otros actúan con el desapego y la ingratitud aprendidos en el ámbito doméstico, pero mostrando una fragilidad emocional que estremece; otros, en fin, aparecen como víctimas desengañadas por el desenfreno y la inmoralidad de sus padres o de su cónyuge.

No es algo actual que muchas ciudades mediterráneas supongan un atractivo centro para el trapicheo, el hedonismo y la inmoralidad. Algunas de ellas, como Marbella, Benidorm, Mallorca, Valencia o Alicante, se han hecho tristemente famosas porque en ellas se han destapado casos de corrupción urbanística y empresarial en los que han participado desde ciudadanos anónimos hasta representantes de la política local y nacional o quienes han empleado su nombre o sus vínculos y contactos familiares con las más altas esferas para llenarse los bolsillos con el dinero privado o con el público. Junto al mar Jónico, sobre el golfo de Tarento, se fundó una ciudad griega a la que llamaron Síbaris. No solo fue una ciudad próspera, sino que se convirtió en la más floreciente de todo el mundo civilizado del siglo VIII a. C., con varios centenares de habitantes, gracias a su actividad agrícola con Mileto y Grecia; se llegó a decir que en su ciudad había canales que acercaban el vino del campo a la ciudad y que el trabajo de herreros y carpinteros se había prohibido para evitar a los ciudadanos el molesto ruido que generaban. Eran tantas sus riquezas que, por ejemplo, los cabellos de los niños eran atados con cintas de oro, y los hubo, según se cuenta, que dormían sobre lechos rellenos con pétalos de rosa frescos. Por todo ello, sus habitantes pronto se ganaron la fama de ser muy refinados y de disfrutar de una vida hedonista volcada en el placer; tanto es así que el gentilicio sibarita se empezó a usar como sinónimo de depravado o disoluto, según aparece en alguna edición del DRAE del s. XIX: `Muy dado a regalos y placeres´.
Los sibaritas del s. XXI emplean el ladrillo en lugar del cereal, pero el hedonismo y la inmoralidad gozados por aquellos y por estos son casi similares.

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Responses

  1. José Juan, nosotros, como buenos sibaritas, disfrutamos cada viernes con tus artículos, gracias.


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