Posteado por: josejuanmorcillo | noviembre 18, 2011

Idiotas (18-11-11)

Hace unos días, y con un mes y medio de antelación, en Viena han encendido oficialmente el árbol navideño y han plantado en el centro de la ciudad los puestos en los que se venden los productos típicos de estas fiestas. Ya se sabe que con el alumbrado de las luces en calles y establecimientos da comienzo la campaña navideña, que, para algunos, no es más que un mes comercial, de derroche económico y de diversión, y que, para otros, supone una época entrañable y de unidad familiar marcada por la festividad religiosa. Sea como fuere, lo cierto es que se trata de una temporada que te obliga a sentir emociones extremas, ya que o se vive con mucho gozo y alegría o con profunda amargura: casi no caben las medias tintas.

Mi vecino Felipe, que es un malhumorado y se las gasta muy mal, me comentó que estos días solo los disfrutan los niños y los idiotas. Esta palabra no tenía en su origen un sentido insultante. Los antiguos griegos llamaban idiota (idiotés) al que se apartaba de los asuntos públicos y se ocupaba exclusivamente de los suyos propios; la raíz idio– significa `propio´, y de aquí otros términos como idioma (`lengua propia´) o idiosincrasia (`forma de ser particular´). En la antigua Grecia, el idiota era asimismo el que vivía apartado y huraño, y por este motivo se le consideraba una persona inteligente, un filósofo de la vida al que la gente acudía en busca de consejo y consuelo espiritual. Cuando la palabra pasó al latín, fue adquiriendo poco a poco el sentido actual pues se aplicaba para referirse a la persona que se alejaba del conocimiento común y, por lo tanto, caía en la ignorancia; en la Edad Media, se empleaba idiota para referirse al fraile iletrado y que no sabía latín. Fray Antonio de Guevara, en su Libro áureo de Marco Aurelio —uno de los libros más importantes del XVI español­—, escribe: “Yo antes daría la vida a un búbalo [`búfalo´] simple que a un idiota maliçioso, porque aquel animal vive en utilidad de muchos y sin daño de alguno, y el hombre idiota vive en daño de todos y sin provecho de alguno”.

Nos cuenta Filón de Alejandría que, tras la muerte de Jesús, un grupo de judíos comenzaron a agruparse para vivir aislados de la sociedad y seguir la forma de vida que aquél había sermoneado. Éstos se hacían llamar terapeutas, y vivían de manera muy sencilla, dedicados a comer, filosofar y practicar el culto en comunidad. Tras la comida de la tarde, el proedros o presidente del grupo comentaba las sagradas escrituras y comenzaba a cantar. Imaginándonos esto, no es de extrañar que estos excluidos o idiotas llevasen una vida relajada, feliz y sin estrés, y que su modo de vida sea en la actualidad, y para algunos, un modelo de terapia.

Al despedirnos, le contesté a Felipe que era un exagerado, pero que, de todas formas, tuviese en cuenta un consejo de Freud, que de psicología sabía un rato: “Existen dos maneras de ser feliz en esta vida: una es hacerse el idiota; la otra, serlo”.

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