Posteado por: josejuanmorcillo | noviembre 11, 2011

Sabotaje (11-11-11)

Billy Hayes, norteamericano de nacimiento, fue recluido en una cárcel de Turquía por tráfico de drogas en el año 1970 y, tras cinco durísimos años de malos tratos y vejaciones inhumanas en aquella prisión, consiguió escapar en 1975. Al regresar a EE. UU. decidió escribir su autobiografía, que publicó en 1977, y esta inspiró a Alan Parker para rodar un año después, en 1978, El expreso de medianoche, considerada como una de las mejores películas del cine contemporáneo ya que, al margen del óscar ganado por Giorgio Moroder (banda sonora) y por Oliver Stone (mejor guion), logra como pocas describir la desesperación humana con un realismo verdaderamente impactante. Lo que no esperaba Billy Hayes fue la mala propaganda turística que su libro lanzó contra Turquía, un pueblo rico en arte y cultura, orgulloso de su historia y de unas raíces ancladas en el famoso imperio otomano, cuyo momento de mayor expansión lo vivió entre los siglos XV y XVI cuando se había anexionado Grecia, Bulgaria, Rumanía y los Balcanes tras la toma de Constantinopla.

Esta hegemonía a lo largo de tantos años queda reflejada con la presencia de varios vocablos turcos en nuestra lengua, algunos de los cuales resultan sorprendentes pues los usamos diaria y repetidamente. Los turcos llamaban a su calzado šabata, y se popularizó tanto que apareció en lenguas como el árabe (sabbat), el francés (savate), el portugués (sapato) o el español (zapato). En catalán encontramos sabata, y de ahí nombres y apellidos como sabater (`zapatero´). Un caso muy peculiar es el del italiano, en donde pasó a escribirse ciabatta, y que nosotros hemos introducido en español para referirnos a un tipo concreto de pan, la chapata, que precisamente tiene forma aplastada y alargada como la suela de un zapato.

Pero hay más palabras que hemos adoptado del turco. El país otomano puso de moda un preparado lácteo consistente en evaporar a la mitad una cantidad determinada de leche y añadirle después un fermento para su conservación. A este alimento lo denominaron yoğurt, y no tardó en adquirir fama por toda Europa. Los turcos, que eran y siguen siendo unos excelentes orfebres, llaman al oro altln, y de esta palabra ha derivado la castellana latón, que, aunque nada tiene que ver con aquél, sí se parece en el color y brillo. Además de otros términos como turbante o sultán, la lengua turca nos ha prestado dos vocablos muy singulares: al refresco de zumo de frutas con azúcar o hecho con otros ingredientes lo denominan şerbet, y entró en español como sorbete; al igual que el kőşk, que era un pabellón construido en los jardines y que nosotros llamamos kiosko o quiosco.

De vuelta al calzado, los franceses llaman al zueco sabot, y de aquí crearon el verbo saboter, que pasó al español como sabotear. Billy Hayes, para evitar cualquier sospecha de sabotaje turístico contra Turquía, regresó a este país en 2007 para pronunciar una conferencia sobre la democracia y pidió perdón por el sentimiento antiturco que su libro generó tras su publicación; todo acabó en una cerrada y sonora ovación. Qué vida esta.

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