Posteado por: josejuanmorcillo | septiembre 23, 2011

El origen (23-9-11)

Durante milenios, el hombre se ha interesado por descubrir el origen de las lenguas, o, para ser más exactos, averiguar cuál de todas las lenguas habladas en el mundo es la más antigua. Uno de los primeros testimonios de ello nos lo ofrece el historiador griego Heródoto, que relata cómo el faraón Psamético quiso saber qué lengua era la más antigua, la egipcia o la frigia, y para ello aisló a dos recién nacidos, uno de cada país, sin contacto con ningún ser humano, para ver en cuál de las dos lenguas hablarían primero. El experimento, lógicamente, fracasó.

La idea de que un idioma es algo innato, esto es, de que nacemos con la información de una lengua grabada en nuestros genes y en nuestro cerebro por obra de un ser superior y divino, se defendió hasta finales del siglo XVIII. Y esta postura se sostenía sobre bases teológicas: se pensaba que la explicación a la existencia de tantas lenguas repartidas por el mundo se encontraba en el episodio bíblico de la torre de Babel, y, como la lengua en que está escrito el Antiguo Testamento es el hebreo, se afirmaba que ésta fue la primera lengua de la humanidad.

Pero fue en España, concretamente en Cuenca, donde un jesuita, el padre Hervás y Panduro, demostró por primera vez el gran parentesco existente entre un grupo de lenguas aparentemente equidistantes comparando la misma palabra escrita en ellas. Así, pater (latín), padre (español), father (inglés), Vater (alemán)… constatan que tuvo que existir una lengua común muy anterior a ellas y de la cual proceden. Acababa de nacer la Lingüística Comparada y los cimientos de una nueva ciencia: la Filología. Hoy en día, el 99,7% de las lenguas conocidas, y siguiendo criterios de parentesco lingüístico, están reunidas en familias: las indoeuropeas, las semíticas, las caucásicas, las negro-africanas, las andino-ecuatoriales, las altaicas…

Sin embargo, y a pesar de todos los avances alcanzados en este campo, todavía palpita un misterio que la ciencia no ha llegado a alcanzar: en qué momento y en qué lugar surgió la primera palabra emitida por un ser humano. El profesor Quentin D. Atkinson, biólogo de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda), ha publicado en la revista Science que esos primeros sonidos articulados, esos primeros vocablos emitidos por un ser humano con los que pudo crear un discurso y, por tanto, un código de comunicación, esto es, una lengua, pudieron tener lugar hace unos 70.000 años en alguna zona del suroeste de África, y esta tesis ha sido respaldada por otros científicos como el biólogo Mark Pagel, de la Universidad de Reading (Inglaterra).

Sea como fuere, no podemos evitar el encanto de imaginarnos a un homínido evolucionado reflexionando sobre la muerte porque conoce el enterramiento, y convertido en un animal social y familiar, emitiendo espontáneamente unos sonidos que ya no serían gruñidos porque por primera vez habrían sido articulados en su boca, pronunciando una palabra que en su mente representaría una idea, un objeto o una necesidad.

Nunca lo sabremos con exactitud. Pero no cabe duda de que, en los albores de la humanidad, con el pensamiento nació la palabra en los labios del hombre, y con ella la comunicación, la cultura y el progreso.

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