Posteado por: josejuanmorcillo | junio 24, 2011

Follones (24-6-11)

Mucho carácter, sin duda, mostraba nuestro hidalgo más universal en las numerosas aventuras y desventuras vividas y padecidas, sobre todo en aquella en la que fue apedreado por unos arrieros mientras velaba sus armas en la venta que él creía castillo. Le disgustó sobremanera no ya que éstos hubiesen arrojado su armadura al suelo para dar de beber a las yeguas y que lo hubiesen maltratado, sino la actitud del ventero —o el señor del castillo—, al que no dudó don Quijote de tildar de “follón y mal nacido caballero, pues de tal manera consentía que se tratasen los andantes caballeros”.

Considero muy interesante el término follón, entre otros motivos porque está presente ya desde los balbuceos de nuestra lengua. Se empleaba con dos significados, `iracundo´ y `cobarde, vil´, y su origen no tiene nada que ver con fuelle ni con su derivado follón (`ventosidad sin ruido´ o `cohete lanzado sin trueno´), sino con el catalán felló, que a su vez proviene del francés felon (`cruel, malvado´). Esta palabra está muy presente en el castellano medieval, principalmente en algunas novelas de caballería, como en el Amadís, donde se dice de Gasquilán “ser de linaje de gigantes y muy follón y soberbio”. Pero, a finales del siglo XVI y principios del XVII, estaba ya anticuada, razón por la cual Cervantes la pone en boca del caballero manchego para ridiculizar su habla y subrayar su locura trasnochada.

Hoy en día empleamos follón con bastante asiduidad, pero este vocablo no tiene nada que ver con aquel. El actual es un aumentativo de folla, que en el siglo XVI se usaba con el significado de `lance de un torneo en que se enfrentan dos cuadrillas desordenadamente´; así, por ejemplo, Lope de Vega, en su novela pastoril La Arcadia, escribe: “Este combate fue el postrero de las fiestas, y así comenzaron a prevenirse para la folla”. Debido al caos y desbarajuste de contendientes en aquellos combates, secundariamente comenzó a emplearse el término con los significados de `desconcierto, mezcla, diversión, confusión´. En su Relación y memoria de la entrada en Toledo del rey y la reina (hacia 1579), Sebastián de Horozco escribe que, tras los acontecimientos del día presenciados por la familia real, “acabose la folla con çierta cohetería qual quemó la tela y los despartió”. Precisamente de aquí, de esta última acepción semántica, proviene la expresión mala folla, muy común en el sureste peninsular (Almería y Albacete; en Granada se dice mala follá), y que no tiene nada que ver con el sexo, sino que posee el significado de `poca gracia´, `mala uva´ o `mala pata´.

Hace unas semanas que salimos de la campaña electoral, y, con tantos mítines, dimes y diretes, mi hijo me dijo en una ocasión: “Qué follón, papá; no entiendo nada”. “Ni falta que hace, hijo”, pensé para mí. Él es todavía un niño, y no me cabe ninguna duda de que aún no entiende que haya algunos políticos “follones” y otros folloneros; ahora bien, hay algo de lo que sí estoy seguro, y es de que se ha dado cuenta de que todos los políticos, sin excepción, tienen muy poca gracia.

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