Posteado por: josejuanmorcillo | junio 10, 2011

Electos sin rúbricas (10-6-11)

Esta semana ha sido muy intensa para muchos: por un lado, para los políticos electos de numerosas poblaciones, que han tenido que recargar sus plumas para rubricar los pactos ya inevitables con el fin de consolidar una cartera con garantías de gobernabilidad; y, por otro, para los alumnos de 2º de Bachillerato que se han enfrentado a la PAEG.

La RAE nos recuerda que el término electo hay que emplearlo para referirse a quien ha sido elegido o nombrado para un cargo pero que aún no ha tomado posesión de él. Así pues, un político electo no es aquel que trabaja en el puesto para el que fue elegido en las urnas, sino quien está a la espera de ocuparlo. Como si de una carrera de relevos se tratase, en este espacio de tiempo, que es de unos veinte días, los políticos en funciones que han desempeñado puestos de alta responsabilidad administrativa habrán facilitado a los electos todos los medios a su alcance para pasarles el testigo de la administración sin sobresaltos ni brusquedades, con normalidad democrática, por el bien de todos los ciudadanos.

Más tranquilidad, si cabe, es la de los jóvenes que están a la espera de sus notas de la PAEG y a las puertas de entrar en la Universidad. Ayer vi y me gustó el reportaje con el que un compañero de un canal de televisión cubrió el inicio de esta prueba. En un momento dado se refirió a los alumnos como “jóvenes rutilantes”, y creo que es un adjetivo que ha sido empleado en este contexto con un acierto magnífico. Me sorprende, además, que se trata de un término que no suele pasar desapercibido en el uso idiomático actual a pesar de ser uno de los cultismos más frecuentes en la literatura del Barroco español y de conservar la misma carga semántica. Proviene del verbo rutilare, que significa `brillar como el oro´, y que, a su vez, procede del adjetivo rutilus (`brillante, resplandeciente´). Así, por ejemplo, en un poema de principios del siglo XVII se narra que Dánae se levantó la falda para recoger la lluvia rutilante en que se había convertido Júpiter para poseerla. Estos jóvenes preuniversitarios, según me pareció interpretar de las palabras del periodista, son rutilantes o brillantes porque sobresalen en talento, y ojalá que así sea porque son los que ocuparán dentro de unos años los puestos de trabajo que irán quedando vacantes.

Pero el adjetivo rutilante también se empleaba para aludir a un color rojo intenso (“centellas rutilantes que escupe la fragua”, escribió Lope de Vega), algo parecido a rubricado (`de color rojizo´, del latín ruber `rojo´), porque, antiguamente, los textos y las firmas solían escribirse con tinta roja; hoy en día, rubricar solo se aplica en el sentido de firmar o de suscribir algo. De esta misma familia léxica es el apellido del gran pintor barroco de la escuela flamenca, Rubens (`bermejo, de vivo color´), y otros términos que tenemos en español como rubor o ruborizarse (`ponerse colorado´).

Esperemos, ya para terminar, que este paso que acaban de dar los políticos electos y los jóvenes de la PAEG sea como una primera rúbrica de un futuro fructífero en lo personal y en lo profesional.

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