Posteado por: josejuanmorcillo | mayo 20, 2011

Deber de votar (20-5-11)

Ahora que acaba la campaña electoral y, con ella, casi dos semanas en las que hemos visto a los políticos lanzándose descalificaciones barriobajeras y prometiendo las minas de Potosí, considero que rescatar por un instante la figura de Aristóteles no vendría nada mal ya que inmortalizó una reflexión acerca de la política que en los tiempos que vivimos no nos debe dejar indiferentes. Según él, “la política es un ejercicio que nace de la ética”, de lo que se deduce que, en la antigua Grecia, la política gozaba de una altísima consideración, tanta que el ciudadano que se dedicaba a ella tenía que reunir unas características espirituales tales —nobleza de alma, altruismo, rechazo del enriquecimiento personal,…— que le permitieran ejercer con honor y responsabilidad su cargo público. Para muchos, la democracia ateniense es la más perfecta en la historia de la humanidad porque todos sus representantes eran escogidos desde y por el pueblo, y si alguno de ellos ejercía su función corruptamente era destituido al instante, se le aplicaba un castigo acorde con el delito y se nombraba a otra persona para que ocupara el cargo vacío.

Verbos como deber o poder han estado, de siempre, envueltos por un halo semántico de fuertes connotaciones sociales y políticas, tanto es así que, ya desde los orígenes de nuestra lengua, los vemos convertidos en sustantivos: el deber y el poder. Como verbo, deber puede expresar tres connotaciones semánticas según cómo se use; lo malo es que no suele emplearse correctamente. Si aparece seguido de un infinitivo, manifiesta obligación, como cuando se escribe que un equipo de fútbol “debe ganar el próximo partido si desea mantenerse un año más en 2ª División”, esto es, tiene que ganar para lograr la permanencia. Si, por otro lado, deseamos reflejar una duda o aproximación, usamos este verbo seguido de la preposición de: si, al preguntársele la hora, alguien responde que “deben de ser las ocho”, es porque no sabe con certeza la hora exacta. Por último, si usamos el verbo deber en condicional estamos aconsejando, y nunca va seguido de preposición: así, los dirigentes políticos “deberían serenarse a la hora de hacer públicas sus declaraciones y proclamas electorales”. A un responsable de la administración educativa le oí esta frase dirigida a un auditorio de estudiantes: “Vosotros debéis de estudiar más, y deberíais de seguir los consejos de vuestros profesores”. Mal ejemplo lingüístico impartido por un importante cargo educativo; aquello me sonó a algo parecido a lo que hace el padre que, con un cigarro en la mano, le explica a su hijo que fumar es un hábito canceroso y le exhorta a que no lo haga nunca.

A comienzos de la campaña electoral, la ley recuerda e impone al ciudadano que votar no solo es un derecho sino también un deber, es decir, una obligación, aunque haya algunos que lo duden y otros aconsejen lo contrario. El deber de votar es, sin duda, difícil de acatar, y más cuando observas la lista de candidatos y te percatas de que su única motivación política es ocupar un escaño para ganar prestigio e influencias, llenarse los bolsillos y cumplir las órdenes de partido aunque estas contradigan las promesas lanzadas durante la campaña electoral. La política, hoy en día, a pesar de ser necesaria, es un magnífico campo de maniobras para especializarse en la mentira, en la corrupción y en la inmoralidad. Así nos va a todos.

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