Posteado por: josejuanmorcillo | febrero 18, 2011

La ortografía del guion (y II)

En su último acto como director de la RAE, Víctor García de la Concha recordó que las reglas ortográficas se asientan en tres principios: el fonético, la etimología de las palabras y el uso, que es “soberano”. Los hablantes somos los que marcamos las modas y hábitos lingüísticos, y son los académicos los que van aceptándolos salvo que el uso sea a todas luces inadmisible.

No voy a entrar en la polémica sobre el nombre de las letras porque no hay trascendencia lingüística en dilucidar si a la y hay que llamarla ye o y griega. Me ha parecido interesante el apartado dedicado a las mayúsculas por su exhaustividad y extensión (pp. 442-517) y por algunos puntos que son aún controvertidos. No me parece desacertado que haya que escribir con minúscula inicial las fórmulas de tratamiento y los sustantivos que designan cualquier tipo de cargo y títulos nobiliarios y dignidades. Sin embargo, no termino de ver la razón lingüística para que los tratamientos protocolarios de las más altas dignidades se escriban en minúscula si van acompañados del nombre propio (“Llegó su santidad Benedicto XVI”) y en mayúscula cuando van solos (“La recepción a Su Santidad será mañana”); como también veo contradictorio el que se deba escribir con mayúscula el nombre de un organismo (“Ministerio de Sanidad”), pero en minúscula si va en plural (“Ayer visité los ministerios de Sanidad y de Educación”). Finalmente, la RAE propone que se escriban en minúscula los pronombres personales para deidades (“Reza a Dios, que él te protegerá”).

Por otro lado, es un acierto el impulso que desde la Academia se da a la adaptación gráfica del español de palabras extranjeras. Al igual que ocurrió hace años con fútbol o chófer (hoy nadie escribe ni pronuncia football o chauffeur), se defiende el empleo de güisqui, cruasán, yudo, pirsin o cáterin, por ejemplo, en lugar de whisky, croissant, judo, piercing o catering, cuya pronunciación es muy distinta desde las normas fonéticas del español. Esta nueva normativa también se aplica a los nombres propios (Chaikovski por Tchaikovski) y topónimos (Catar por Qatar).

Aplaudo fervientemente que se aplique de manera unánime y definitiva la norma de que los monosílabos no deben acentuarse, excepto, claro está, en los casos de tilde diacrítica (te/, de/, tu/,…), ya que la Ortografía de 1999, de forma inconcebible, dejaba libertad para acentuar algunos casos según como se pronunciase la palabra. Llevo más de diez años enseñando en las aulas que, al igual que Dios, fui o vio, las palabras guion, hui, truhan o fie no llevan tilde por ser monosílabos. Este es uno de los puntos de la nueva Ortografía que está encontrando más oposición entre los hablantes, como que no se ponga ya tilde en solo (por ser llana y acabar en vocal) ni en los pronombres demostrativos, aunque haya casos de ambigüedad.

Por último, además de que atinadamente ciertas expresiones y lexías aparezcan ahora como una sola palabra (aprisa, contrarreloj, Nochebuena…), observo una última contradicción en la normativa del uso del prefijo ex-. Este debe ir siempre unido a su raíz (expresidente, exmarido, exjugador…) por ser un prefijo, pero ¿qué razón lingüística hay para que vaya separado cuando haya varias palabras (ex capitán general, ex presidente de la Diputación…)? Dejaría de ser un prefijo. Toda obra humana, como dijimos en otro lugar, es imperfecta. Y, para muestra, este botón.

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