Posteado por: josejuanmorcillo | diciembre 3, 2010

Escrutinio (3-12-10)

Tras la resaca de las elecciones catalanas, los votantes y, sobre todo, los políticos extraen ya sus conclusiones basándose en la participación del electorado y en el porcentaje de votos. No pretendo desde estas líneas entrar en ninguna valoración política seria, créanme; más bien al contrario: ahora que los ciudadanos apenas confían en los políticos porque, entre otras cosas, creen que son el mejor ejemplo de ese españolito que Antonio Machado censuró y calificó como “especialista / en el vicio al alcance de la mano”, quisiera traer hasta aquí alguna anécdota extravagante, y mejor si roza lo grotesco. No he tardado en encontrarla. UPyD, el partido de Rosa Díez, ha quedado fuera del Parlamento catalán y ha sido superado por el grupo CORI, liderado por un personaje esperpéntico e irrisorio, Carmen de Mairena, quien, invitado por la prestigiosa Universidad Pompeu Fabra, aprovechó para transmitir, trastabillándose a causa de la paralización botulínica de la cara y de la silicona de los belfos, algunas de sus promesas electorales más relevantes, entre las que sobresalieron por aclamación estudiantil la instalación de ventiladores gigantes sobre Lérida para disipar su niebla, la construcción de un aeropuerto para los ovnis que deseen acercarse a Cataluña y el envío de una nave a Marte repleta de productos catalanes. El discurso alcanzó su punto álgido cuando el personaje se levantó la camisa y mostró al respetable y entre aclamaciones sus dos platillos volantes, perfectamente alineados. El escrutinio final de las papeletas no engañó: 6912 votos, el 0,22% del total. Solo haría falta que a Carmen de Mairena la inmortalicen como caganer. Visca Catalunya.

¿Escrutinio o recuento? ¿O ambas? Si los votos hay que contarlos más de una vez, hablamos de recuento; pero si solo tienen que ser computados en una ocasión, porque no es necesario repasarlos y porque así lo consideran los interventores y presidentes de mesa, entonces habrá un escrutinio. Por lo tanto, se antoja redundante, además de una incorrección semántica, el uso del término recuento cuando sólo ha habido un cómputo.

Resulta curioso comprobar que la carga semántica de reconocimiento y cómputo de votos secretos en una elección que encierra el término escrutinio no es nada reciente; ya en el siglo XV se empleaba esta palabra a la hora de contar los votos secretos en las elecciones canónicas o en las oposiciones de canonicatos de oficio en catedrales u otras comunidades eclesiásticas, y poco más tarde pasó a aplicarse a cualquier tipo de votación civil o militar. Por escrutinio también entendemos, como nos dice el DRAE, el análisis y examen que hacemos de algo para emitir un juicio sobre él y actuar en consecuencia. Y esta acepción a muchos nos remite al capítulo VI de la primera parte de El Quijote, y que se titula: “Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo”. No solo examinaron a conciencia los fondos bibliográficos del trasnochado hidalgo, sino que lanzaron muchos de ellos a las llamas purificadoras.

Desconozco qué se hizo con los casi siete mil votos que consiguió doña Carmen, si fueron a la incineradora o a la recicladora de papel. A lo mejor, la política española es perniciosa para el espíritu porque nos hace creer en cosas que sólo existen en nuestra imaginación; quién sabe si aún quedan personajes cervantinos animados a lanzar por la ventana tantos textos livianos e inservibles.

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