Posteado por: josejuanmorcillo | octubre 22, 2010

Terrorismo (22-10-10)

Según las últimas encuestas del CIS, el terrorismo es, junto con el desempleo, el asunto que más preocupa a la población española. Y este resultado se debe en gran medida a la reciente amenaza seria y desproporcionada que ha lanzado Al-Qaeda en algunos medios de información árabes y con la que los terroristas han asegurado que centrarán sus objetivos yihadistas en las principales ciudades europeas. Por ello, y según informaron los correspondientes Ministerios de Interior, España, Francia, Alemania o Inglaterra no tardaron en elevar la alerta antiterrorista desde el grado de baja a alta intensidad.

La actividad terrorista es muy antigua, pero ¿cuándo apareció por primera vez esta palabra en español y en qué contexto? Pues bien, nos tenemos que remontar al año 1799 para ver la primera documentación impresa de este término, exactamente en la novela Cornelia Bororquia, del periodista y exfraile Luis Gutiérrez, que tuvo que exiliarse a Francia y fue ajusticiado en 1808 por la Junta Central. Al margen de sus escasos méritos literarios, esta obra es un panfleto contra el Tribunal de la Inquisición y, sobre todo, un hermoso alegato por el pensamiento, la libertad y la tolerancia. Sobre la mitad de la novela, el autor define a la Inquisición como un “sistema de terrorismo”. He aquí el primer vestigio que conservamos del vocablo, y, aun así, sorprende que hoy en día apenas haya variado su aplicación ya que, en su última edición, el DRAE define terrorismo de la siguiente manera: `Dominación por el terror. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror´.

Dentro de esta línea, no puedo dejar de recordar que muchos años más tarde, concretamente el 23 de octubre de 1921, Unamuno publicó en La Nación un artículo en el que, a raíz de la guerra de Marruecos, defendía la idea de que la violencia terrorista no servía más que “para corroborar la filosofía del carnero y el odio a la inteligencia. Que es el odio a la democracia, a la libertad y a la justicia”. En este mismo artículo, Unamuno sentencia: “El terrorismo es, en cierto modo, la antítesis del quijotismo”. Don Quijote no solo representa la defensa de causas justas obrando desinteresada, ética y comprometidamente, sino también encarna el ideal de libertad personal. Los intelectuales que surgieron a raíz del desastre del 98 se veían en la obligación ética y moral de cambiar España desde abajo, desde los cimientos, y desde la libertad, aun sabiendo que se trataba de una tarea infructuosa, y el hidalgo manchego, al encarnar estos nobles ideales, se convirtió en su modelo.

Hace unos años, con la celebración del Cuarto Centenario de la aparición de la obra maestra de Cervantes, el Caballero de la Triste Figura se nos presentó ante nuestros ojos, y con más fuerza que nunca por los pasados atentados terroristas, como prototipo de esta libertad personal que nos permite condenar lo condenable y defender el respeto a los derechos humanos. Por todo ello no es de extrañar que, en 1981, el general Pinochet prohibiera en Chile El Quijote. Y con ello demostró un apoyo incondicional al terrorismo y un odio radical a la inteligencia. Que es un odio a la democracia, a la libertad y a la justicia.

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