Posteado por: josejuanmorcillo | octubre 8, 2010

El lenguaje taurino (8-10-10)

Si uno mira desde fuera un coso taurino posiblemente le recuerde a los anfiteatros romanos, en los que los gladiadores luchaban entre sí o contra fieras salvajes e indomables. Pan y circo para el pueblo, se decía entonces, para tenerlos ociosos y se olvidasen de sus problemas económicos; sangre y espectáculo, dirían ahora, para saciar la sed de violencia de una sociedad demasiado enclaustrada y asfixiada en interminables normas y deberes sociales. Una plaza de toros es un coliseo que ha ido encogiendo con el paso de los siglos, diría posiblemente el bueno de Gómez de la Serna.

Alrededor de la fiesta de los toros —hoy más que nunca— va creciendo lenta y calladamente un buen número de detractores que se empeña en prohibirla a lo largo y ancho del territorio nacional siguiendo el ejemplo de Canarias y Cataluña, pero, frente a ellos, se sitúan sus férreos e inamovibles defensores; si aquellos sostienen que se trata de una práctica cruel, sangrienta, innecesaria y anacrónica que atenta contra el buen gusto y contra la dignidad del animal, los otros se apoyan en la tradición, la cultura y en la esencia de lo patrio. Sea como fuere, es indudable que, desde hace siglos, la tauromaquia forma parte de nuestra idiosincrasia cultural, y buena muestra de ello es la impronta que ha ido depositando en nuestra lengua.

El español, efectivamente, está impregnado de expresiones y términos taurinos que usamos casi a diario y en el habla coloquial. Un teatro con su aforo completo está lleno hasta la bandera, y, tras varias horas de concierto, es muy posible que los músicos estén para el arrastre, aunque la puntilla seguro que la dan los asistentes que piden una pieza más de propina. Junto a los aficionados a la música hay otros a los que les gustan más los deportes, y disfrutan viendo jugar, de poder a poder o mano a mano, a dos grandes equipos; pero siempre podemos encontrarnos con el hincha exaltado que entra al trapo ante cualquier provocación, y con el que es mejor tener mucha mano izquierda y así evitar una discusión innecesaria. Por cambiar de tercio, les contaré que el otro día saludé a un amigo que acababa de tener su cuarto hijo y que me aseguró que definitivamente se había cortado la coleta, que con cuatro bastaba porque no sabía muy bien cómo alimentar tantas bocas, que con la difícil situación económica de ahora las cuentas no le salían, y que la mejor forma de capear el aprieto era la paciencia y la serenidad. Le contesté que sí, que llevaba razón, pero que ya podía atarse los machos porque hoy en día, y según están los precios, no es nada fácil soportar tantos gastos. Claro que, como yo sólo tengo un vástago, desde la barrera todo se ve muy bien, y reconozco que, con una familia numerosa a tus espaldas, cada factura que te mandan a casa te cae como un puyazo, y en todo lo alto, sí, precisamente ahí, donde más duele. A pesar de todo considero que esta vida es de valientes y de decididos, y que hay que lanzarse a la arena y tener los hijos que a uno le apetezca.

Y no les canso más, vaya, que, como hasta el rabo todo es toro, no quiero hablar de más y espero que hayan aguantado todo el artículo hasta aquí, hasta el final, o hasta la bola.

Anuncios

Responses

  1. Me has recordado una expresión que nos decían siempre las monjas en el colegio tras gritar bravo en el salón de actos: -“Bravo sólo se dice en la ópera y en los toros”. No sé si será verdad hoy en día, pero a mi se me quedó grabado.

  2. lol
    xox


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: