Posteado por: josejuanmorcillo | octubre 2, 2010

Jicho (1-10-10)

Hugo Chávez, actual Presidente de Venezuela, no ha digerido muy bien el haber perdido la mayoría absoluta en las últimas elecciones generales que se acaban de celebrar en este país hispanoamericano porque ha culpado de este descalabro electoral a los medios de comunicación internacionales, y muy especialmente a los españoles, a los que ha calificado de poco profesionales y de manipuladores de la verdad. Da la sensación de que para el dictador venezolano no fue suficiente aquella amonestación —ya en los anales de las frases más célebres de la Historia— que el rey Juan Carlos I le espetó en la Cumbre Iberoamericana celebrada hace unos años en Chile. Aquel “¿Por qué no te callas?” fue la chispa que encendió la pólvora de muchos comentarios nada laudatorios que se han ido lanzando contra el venezolano. “Menudo jicho está hecho el de Venezuela”, decía un malhumorado peatón a punto de cruzar por un paso de cebra. Me resultó curioso y hasta me alegró oír ese término porque hacía tiempo que no lo escuchaba y me hizo recordar otros que hace unas décadas eran muy frecuentes y que se empleaban también para referirse a un gañán, a una persona sin educación y sin principios. De entre esas palabras destacaría aquí la de vedijas, que ya apenas se utiliza. En el campo, entre los ganaderos, las vedijas son los mechones de lana que sobresalen de la oveja o que quedan enredados en cualquier sitio; hace no mucho tiempo era casi una norma social el que los chicos fueran con el pelo corto, y, claro, si alguno se atrevía a dejárselo más largo de lo habitual daba una imagen de suciedad y hasta de delincuente. Decirle entonces a alguien vedijas era poco más que un insulto, casi como dejarle claro que además de greñudo era un guarro y un maleante. Conforme pasaron los años, el término fue perdiendo esa connotación negativa y ha terminado por emplearse para recordarle a alguien que debe pasar por la peluquería o para mentar a un chaval algo travieso y descuidado.

Lo de jicho es harina de otro costal. No piensen que es un término tan amplio y extendido como el de vedijas, que se conoce en toda nuestra geografía; de hecho, y si me apuran, podría asegurarles que sólo se emplea en pocas zonas de Castilla-La Mancha y alguna otra del norte de Castilla y León. De jicho desconocemos su origen léxico —algunos apuntan equivocadamente hacia el swahili— y también su significado, y se nos antoja una tarea complicada porque ni el Diccionario de la Real Academia lo recoge. Parece ser que los jichos eran los pistoleros de esas películas norteamericanas de indios y vaqueros que veíamos en aquellas largas tardes de sobremesa de los fines de semana, esos pistoleros desaliñados, sucios, auténticos bandidos y criminales fácilmente reconocibles por sus cicatrices imposibles que les cruzaban la cara, y de ahí quedó lo de jicho para referirse al tipo chuleta que va de matón y que es capaz de cualquier fechoría.

La historia ha dado jichos para dar y tomar que se han dado a conocer bajo cualquier apariencia, desde vagabundos desconocidos pasando por cazarrecompensas melenudos y sin escrúpulos para llegar a dirigentes que, aunque carezcan de vedijas, no dejan de ser borregos.

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