Posteado por: josejuanmorcillo | julio 16, 2010

La Furia española

Veinte años antes, España había confirmado su acta de defunción entre los países europeos más avanzados; veinte años antes, en 1898, con la pérdida de las últimas posesiones coloniales, esa España todopoderosa e imperial quedó reducida a una sombra de nación, y los intelectuales a los que les tocó vivir esa época se vieron en la obligación ética y patriótica de salvar el país y reincorporarlo al pulso vivificador de la Europa del progreso, de la tecnología y de la idea. Pero en 1920, en la Olimpiada de Amberes, veinte años más tarde del Desastre del 98, España demostró a toda Europa y al mundo entero que se estaba levantando de su caída, que estaba creciendo y fortaleciéndose tras la ruina; en aquella olimpiada, y contra pronóstico, España logró ser la Subcampeona Mundial de Fútbol –diez años antes de celebrarse en Uruguay la 1ª edición de la Copa del Mundo- haciendo gala de una envidiable frescura, potencia, técnica y, sobre todo, con las armas de la rabia y la ambición. La prensa europea, con el fin de la I Guerra Mundial muy reciente, se inclinó ante España y ante tal demostración de coraje y de fe en sí misma, y no dudó en calificar aquella gesta como fruto de “La Furia Española”.

Ahora, en 2010, lo conseguido por los futbolistas de la selección española en Sudáfrica ha superado lo logrado por aquellos valientes de la Olimpiada de Amberes de hace ya casi un siglo. El título de Campeones del Mundo se ha materializado uniendo en su juego el trabajo en equipo, la humildad, la profesionalidad, la técnica, el esfuerzo, la audacia, la fe en uno mismo, y todo ello aderezado con la rabia y la ambición que siempre nos ha caracterizado sobre un campo de fútbol.

El DRAE define furia como: `Ira exaltada, acceso de demencia o persona muy irritada y colérica´, pero este término también se utiliza para referirse a una manera intensa o vehemente de realizar cualquier acción. En la Antigüedad clásica, los romanos llamaban Furias a tres divinidades infernales que atormentaban a las almas condenadas y que personificaban, por tanto, pasiones como la venganza, por lo que estos entes femeninos se representaban alados, con serpientes en lugar de cabellos y blandiendo látigos y otras armas. Las Furias que se vieron el pasado 11 de julio en el estadio Soccer City de Johannesburgo no eran grecorromanas sino holandesas, y tampoco llevaban látigos ni serpientes en la cabeza, pero sí unos tacos en sus botas con los que se empeñaron en doblar tobillos, romper huesos y partir pechos. La Furia española supo vencer a aquellas con la determinación y las armas de un campeón.

De cualquier forma, lo cierto es que algo muy especial moverá este deporte para que por unos días, y después de ver el magnífico juego de nuestra selección, todos los españoles nos sintamos más unidos, más alegres y vitales, olvidemos nuestras rencillas y diferencias, y nos sintamos orgullosos de una bandera, de un escudo y de unos colores. Lo que no ha conseguido la política lo logra el deporte: que sus señorías tomen ejemplo.

Ya lo ven; abiertamente reconozco una admiración desbordada por los cachorros de Vicente del Bosque después de haber ganado la Copa del Mundo, unos jugadores en parte parecidos a los futbolistas de la selección española de 1920, aquella de la potencia, frescura, técnica y ambición, a la que se le añadía el descaro y una puntería bien afinada.

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