Posteado por: josejuanmorcillo | junio 24, 2010

Necesidad de hacer aguas (25-6-10)

En el capítulo XLVIII de la Primera Parte de El Quijote, Sancho va manteniendo una conversación sobre encantamientos con un Don Quijote triste y derrotado que es llevado enjaulado hacia su pueblo. Es esta una de las pocas veces en las que puede observarse una estampa tan desgarradora y que tanta compasión genere en el lector hacia nuestro universal caballero. Cervantes culmina la escena deslizando su pluma de esta manera: “Don Quijote iba sentado en la jaula, las manos atadas, tendidos los pies y arrimado a las verjas, con tanto silencio y tanta paciencia como si no fuera hombre de carne, sino estatua de piedra”.

En un momento de la conversación, Sancho, angustiado y preocupado de ver a su amo de esa guisa, se interesa por él y le pregunta si “le ha venido gana y voluntad de hacer aguas mayores o menores”. Don Quijote le pide que se aclare, a lo que Sancho responde: “¿Es posible que no entiende vuestra merced de hacer aguas menores o mayores? […] Pues sepa que quiero decir si le ha venido gana de hacer lo que no se excusa”. A pesar de los años transcurridos y de los sanchos y quijotes que ha dado nuestro idioma, en la actualidad se siguen usando indistintamente las expresiones hacer aguas y hacer uno sus necesidades. Lo malo y lo desagradable de este pastel es que hay un número cada vez mayor de hablantes y de periodistas incapaces de distinguir el trecho que separa una necesidad tan imperante en los seres vivos, como es la de hacer aguas, y un accidente -con destrozo del mobiliario incluido-, como es el de hacer agua.

Hace unos días, sentado frente al televisor –lingüísticamente nuestra actual caja de Pandora-, oía a un seudoperiodista televisivo, de cuyo nombre no quiero acordarme, transmitir con comentarios anodinos y farragosos un partido de fútbol. No sabría decirles qué me aburría más: el espectáculo deportivo o el locutivo. Pero hete aquí que, sin comerlo ni beberlo, escuché algo que me despertó de mi somnolencia. Decía algo así como: “Silva hace aguas por su banda”. Como pueden imaginarse, me incorporé del sofá y con cierto morbo escatológico quise comprobar que, al menos, se trataba de aguas menores y no mayores, excuso decirles la razón. Lo que este personaje televisivo quería decir era que el tal jugador hacía agua por su banda, ya que esta locución significa, dentro del campo semántico marítimo, que una embarcación es invadida por el agua a través de alguna grieta o abertura, y, por lo tanto, es de aplaudir su aplicación metafórica a un jugador que se está “hundiendo” por su mal juego.

Así pues, no es lo mismo hacer agua que hacer aguas, como tampoco es igual la vergüenza que las vergüenzas.

Ya al final del capítulo XLVIII, don Miguel vuelve a humanizar de una manera admirable a su personaje cuando Don Quijote, que ya sabe a qué se refiere Sancho, le pide que abra la jaula para desahogarse, y le ruega: “¡Sácame de este peligro, que no anda todo limpio!”. Muchas veces he sentido las mismas ganas de huir para desahogar a gusto tanto disparate y tanta torpeza en el muladar del olvido.

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