Posteado por: josejuanmorcillo | mayo 21, 2010

Popurrí (21-5-10)

El potencial económico, político y militar de España en la Europa del Renacimiento fue arrollador, y su influencia en los principales países europeos del siglo XVI fue tan decisiva que se puso de moda todo lo español: se estudiaba castellano en casi todas las universidades europeas, se vestía y se actuaba socialmente a la manera española, e incluso algunas recetas hispanas fueron incorporadas por los menús europeos. Esto fue lo que sucedió con la olla podrida.

Este plato era como el cocido nuestro actual pero mucho más sustancioso y nutritivo, pues a los garbanzos y verdura se añadían carnes muy diversas: carnero, vaca, jamón, tocino y aves de caza y de corral. Era tan completo en sus ingredientes, que la olla rebosaba, de ahí lo de “podrida”, que quiere decir `colmada, llena´; hoy en día seguimos empleando esta acepción cuando, por ejemplo, decimos de alguien que está “podrido de dinero”, es decir, que atesora una gran fortuna.

La olla podrida, por ser un plato económicamente poco alcanzable para muchos españoles de entonces, de los siglos XVI y XVII, se solía cocinar sólo en ciertas festividades y ceremonias como bodas, bautizos, … Y una clara muestra de lo que acabamos de comentar la encontramos en El Quijote. El sustento de nuestro ilustre hidalgo se basaba en lentejas, huevos con chorizo o tocino, cocidos hechos con algo de vaca y con cuyas sobras se elaboraban otras recetas, y, como plato especial, los domingos un palomino. Ahora bien, cuando Sancho Panza toma posesión del gobierno de una ínsula ficticia (II, cap. 47), una de las cosas que quiere hacer es darse una buena comilona, y ante él, como gobernador, se le presentan los más suculentos platos -platos que, como sabemos, no le dejarán catar para así seguir con la burla-. Junto a perdices asadas, conejos guisados y ternera en adobo, Sancho descubre el que para él era el mejor manjar: olla podrida. Pero el médico se lo prohíbe con estas palabras: “Allá las ollas podridas para los canónigos o para los rectores de colegios o para las bodas labradorescas”.

Uno de los personajes que dio renombre a este plato fue el emperador Carlos I, que siempre llevaba su ollita de garbanzos y carne en sus desplazamientos dentro y fuera de España. Y, así, nuestra receta se hizo especialmente famosa y popular en la Francia del siglo XVI, donde la tradujeron literalmente: pot (`olla´) pourri (`podrida´). Lo llamativo es que, con el paso del tiempo, y ya en el siglo XIX, este galicismo entró en el español pero ya castellanizado –popurrí– para referirse a las obras musicales que son fruto de haber mezclado varias piezas, y, por extensión, a todo aquello que sea una mezcolanza de cosas diversas. Otro caso similar en el que lingüísticamente se unen lo musical y lo gastronómico lo encontramos en tierras charras, donde es famoso un manjar –ya muy popular entre los estudiantes del XVI y XVII- muy rico en calorías que se elaboraba con una mezcla arbitraria de vísceras (riñones, hígado, corazón, estómago…) y que lo llamaban chanfaina, término que proviene de sinfonía, precisamente por la variedad “sinfónica” de sus ingredientes.

Así que, ya lo han visto, un popurrí musical parisino y un cocido español bien completo comparten un parentesco lingüístico, pero no gastronómico, claro.

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Responses

  1. ¡grande! José Juan, bonito bucle.

    Saludos.

    • Gracias, Jorge, un fuerte abrazo


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