Posteado por: josejuanmorcillo | mayo 14, 2010

Tragedia humana (14-5-10)

Embarcaciones procedentes de África atestadas de personas que huyen de la guerra, de la injusticia y del hambre han vuelto a llegar a las costas canarias. En los medios de comunicación se insiste en ofrecer las cifras alarmantes de ocupantes que llegan ateridos y desnutridos sobre estas barcazas que, dicho sea de paso, ya no son aquellas viejas pateras y podridos cayucos, aquellos botes pequeños, sin quilla y sin motor que solo podían ser gobernados mediante remos; ya no: ahora vemos botes más grandes e impulsados por hélice, lanchas mayores que gabarras con un número de tripulantes que amenaza su flotabilidad.

Hace unas semanas, con la entrada del buen tiempo, llegó una de estas embarcaciones a una playa turística. Un periodista que se encontraba allí narraba y describía todo lo que estaba contemplando y dijo que “lo que estoy viendo delante mío es una verdadera tragedia humanitaria”. Quizás arrastrado por la tensión del momento no se dio cuenta de los dos patinazos que había cometido. En español mantenemos un buen número de locuciones preposicionales –una locución es una frase hecha que puede tener un valor adverbial, preposicional, verbal, etc.-: debajo de, enfrente de, encima de, detrás de, al lado de, por encima de… Y estas locuciones no pueden romperse ni transformarse, por lo que la preposición de debe mantenerse invariable e inmutable dentro de la locución. Por ello, lo correcto es decir debajo de nosotros, encima de mí, enfrente de ella, detrás de nosotros, … Y no: *debajo mío (de mí), *encima nuestro (de nosotros), *enfrente vuestro (de vosotros), *detrás suyo (de él, de ellos…)… Hay hablantes, por tanto, que crean un “falso posesivo” que es incoherente, que no tiene sentido: cuando alguien dice *delante mío está expresando que ese delante es suyo, que le pertenece, como si lo hubiera comprado. ¿Acaso no parece ridículo?

Por otro lado, debemos tener cuidado de no juntar palabras que son semánticamente incompatibles. Así, una empresa no pude “lograr un déficit”, porque el déficit es el peor enemigo de una empresa, y cuando se logra algo es porque se ha hecho esfuerzo y méritos para conseguirlo; diríamos que “ha sufrido un déficit” o que “ha logrado un superávit”, según sea el resultado económico. Algo similar acontece con la palabra humanitario. El DRAE la define como todo aquello `que mira o se refiere al bien del género humano´, o, en caso de una confrontación militar, lo que `tiene como finalidad aliviar los efectos que causan la guerra u otras calamidades en las personas que las padecen´; por ello, estamos ante un término semánticamente positivo: hablamos de “ayuda humanitaria” para las víctimas de una guerra, de “esfuerzos humanitarios” para repartir alimentos en un país tercermundista, o de “gesto humanitario” cuando damos de comer o de vestir a quien lo necesita, pero es incorrecta la locución “tragedia humanitaria”.

Lo que aquel periodista presenció fue una tragedia humana; lo humanitario estaba en el corazón de aquellos turistas que alimentaron, asistieron y arroparon con sus toallas a decenas de desfallecidos inmigrantes.

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